tribuna

Barranco de Santos, un espacio del pasado

Cuenta la historia que el Barranco de Santos lleva su nombre en honor a Diego Santos, un amigo del conquistador Alonso Fernández de Lugo. Su historia incluye la presencia de guanches que habitaban sus cuevas antes de la conquista, y ha sido fundamental para la ciudad como colector de aguas que causó inundaciones, lo que motivó construcciones para controlarlas. Me vienen a la memoria viejos recuerdos de mi infancia, especialmente de aquel viejo Santa Cruz, donde solía visitar algunas familias que vivían en las cuevas del barranco. Recuerdo aquella calle San Sebastián, donde nací y crecí entre unos maravillosos vecinos. La curiosidad me llevaba bajar al barranco de Santos, salpìcado de preciosos charcos de agua que eran aprovechados para lavar las ropas por las familias que vivían en las cuevas. Un barranco lleno de vida, el cual estaba todo el año activo, con su cascada alimentando varias fincas de plataneras que lindaban por sus dos lados. En muchos de sus charcos abundaban anguilas, sapos, ranas y peces de múltiples colores. También por sus orillas había preciosos ramilletes de berros salvajes. Muchas fueron las tardes que estuve viendo a las mujeres cruzar por debajo del puente Galcerán para recoger agua potable, regresando con latas llenas: una en la cabeza y dos en ambas manos. Un largo trayecto que motivaba un gran esfuerzo. Sinceramente, me encantaba bajar al barranco capitalino para hablar con algunas familias que vivían en las cuevas. Lala, Gregoria, Alfredo, Angelito, Paqui, etc., fueron una familia maravillosa. También recuerdo ver animales de compañía y animales para el consumo: gallinas, gallos, patos, conejos y cochinos. Recuerdos nostálgicos que invaden mi mente. La calle San Sebastián fue en mi infancia un lugar lleno de valores humanos. La solidaridad y respeto predominaban en la vecindad. Éramos felices con lo que teníamos. Más tarde vino el desarrollo de la tecnología, lo que supuso convertirnos en verdaderos predadores de nuestro propio entorno y la pérdida de los valores. Siendo sincero, me quedo con aquella época tan bonita y romántica.

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