por qué no me callo

Canciones para las trincheras

Lo de la vuelta al pasado puede tornarse una gran falacia. El vinilo regresa, pero también trajo en su día la libertad a este país. Un disco que da vueltas, eso es la historia. Ahora el mundo es un disco rayado. Suena una canción reaccionaria, que se escucha en todas partes. Otras canciones sonarán súbitamente como ésta, todo seguirá girando.

Al ritmo de Trump baila mucha gente en estos momentos, y así da la sensación de que vuelven Franco y los de su cuerda en Italia, Alemania o América Latina, como acabamos de ver con Pinochet, reencarnado en un abogado ultraderechista que ganó las elecciones en Chile como un cometa que vuelve a pasar.

La historia se repite. El disco. Pues que suene también Marcuse, que puso en jaque al ‘hombre unidimensional’, de encefalograma plano, incapaz de pensamiento crítico, tan semejante al de hoy.

Sánchez habló ayer, en su contraataque en La Moncloa, del “momento histórico de España, Europa y el mundo” bajo una alerta de ultraderecha. Para evitar esa borrasca, dijo que aguantará, sin crisis de gobierno.

La marcha atrás chilena, con el triunfo inapelable del ultraconservador José Antonio Kast, nostálgico pinochetista, se inserta en la era Trump. ¿Pero y si la ola no se propaga? Trump, con una exigua aprobación en su país (solo el 31%), se considera un ídolo, un ‘Taylor Swift’ del nacionalpopulismo. Pero el ruido que hace -su música ríspida y estridente- no es imperialista, es la huida hacia adelante. Todo le va políticamente mal en su segundo mandato, contestado en la calle por gente a la que ya no engaña. Y los papeles de Epstein, esta semana, le atormentan. Como un pistolero acorralado, dispara en todas direcciones.

Ayer, Sánchez enarboló el Estado del bienestar, las subidas de las pensiones y el salario mínimo como razones para seguir hasta 2027, ante el riesgo de involución con PP y Vox. En Chile, la extrema derecha que llega al poder anuncia deportaciones a lo Trump. El migrante, en la España franquista o aledaña y en los herederos de Pinochet es el enemigo a batir. Puro ‘trumpismo’.

Ahora, Europa tiembla por la camorrista estrategia de seguridad nacional de EE.UU., que amenaza destruirnos en connivencia con los rusos. No es ‘heavy metal’. Es Trump fumando algo en el Despacho Oval, mientras en MAGA -el movimiento que lo aupó- lo cuestionan abiertamente.

Están los militares perplejos desde que los conminó a atacar a su propio país en los estados de mayoría demócrata, como cuando Calígula ordenó a sus tropas apuñalar las olas y recoger conchas marinas como ‘botín de guerra’. Un día, le quitarán el cuento como en el cuento de Monterroso. Trump despertará y el dinosaurio estará allí.

Sueña con una nube de humo, como en Chile y Argentina, que cubra toda Europa y se la ponga en bandeja, para trocearla, como pide Elon Musk, multado con 120 millones por la Comisión Europea, al grito de “hay que abolir la UE”.

Los canarios nos sentimos concernidos con los vientos que soplan en contra. Porque es Europa y es la América a la que emigramos, donde fundamos ciudades y salimos de la hambruna. Ya cayó Chile, con el ultra Kast. ¿Caerá España? ¿Caerán Francia y toda Europa? ¿O caerá Trump? Le esperan las elecciones de medio término en 2026.

Tiene fama de cobarde. Lo afean con el acrónimo T.A.C.O.: “Trump Always Chicken Out” (Trump siempre se raja). Tras recoger María Corina el Nobel de la Paz (cosa que Trump no le perdona), tarareó que no piensa atacar Venezuela, sino a narcotraficantes peligrosos de uno en uno. ¿A quién trolea? ¿Desplaza al mayor portaaviones del mundo para una operación de cazafantasmas? ¿O recula?

Su pesadilla es el ‘deep state’, el ‘Estado profundo’ del que ya se quejaba en el primer mandato: una supuesta red de funcionarios en la sombra para evitar que el presidente haga locuras.

España, inmersa en la desestabilización, la melodía del americano, es la única gran democracia socialista de Europa, y está en la diana. Los casos de acoso y la corrupción cercan al Gobierno. Trump y Abascal se frotan las manos. Feijóo desespera. Y Sánchez muerde el polvo. Es el test de Europa. Si la UE se amplía con los diez socios en espera, entre ellos Ucrania, que afila la paz, dejará de ser vasalla de un aliado que la abandona.

A dos pasos de la cruzada de Trump hay una orilla que no deja pasar ideas que no flotan. La democracia y un mundo multipolar fundamentado en reglas no son agua pasada de cuando acabó la segunda gran guerra. Son nuestra canción. Son las ideas más frescas, honestas y válidas que inspiran a millones de personas. Ideales que sí flotan en ese mar en el que se ahogan las ideas retrógradas. Al tiempo.

TE PUEDE INTERESAR