El suicidio continúa siendo un tabú en nuestra sociedad. Desde el tratamiento que recibe en el día a día, desde medios de comunicación a centros de educación, a la incapacidad de dejar de verlos como un estigma, todo parecen ser obstáculos para lograr poner fin a un problema que cada vez se presenta en España a una edad más temprana.
La psicóloga tinerfeña Cathaysa Fernández aborda asuntos como si de verdad existe un mal llamado efecto contagio cuando se publican casos de suicidio en los medios, hablar abiertamente de la responsabilidad de estos pero también de que la apuesta desde las instituciones para abordar este problema debe ser real, no quedarse solo en papel mojado o eslóganes más o menos afortunados.
-A los medios, y eso se lo hemos transmitido a la ciudadanía, se nos ha dicho durante décadas que informar sobre suicidios puede provocar, por así decirlo, un efecto contagio: ¿hay algo de real en eso?
“Los medios de comunicación tienen que tener la resposabilidad ética, sobre todo, con el lenguaje que utilizan que es lo que, científicamente, se ha demostrado que puede provocar ese efecto contagio. Es importante el lenguaje que se utiliza en los titulares y la fotografía o vídeos que se ofrecen. Es decir: la forma en la que se aborda mediáticamente el caso. Hablar del suicidio no provoca más suicidios, sino que los previene siempre y cuando se cumplan los criterios recogidos en las guías de la OMS, en las que está publicado de manera específica. Si yo hablo del suicidio pero no menciono el método, lo asocio a los teléfonos de ayuda y le doy cobertura a los casos reales de alguien que se ha podido plantear el suicidio pero, a través de terapia o de sus recursos de apoyo ha conseguido superar ese momento vital, es algo necesario. Lo que no es positivo, por ejemplo, es decir los métodos utilizados porque cuanto más accesible es el método más fácil es de reproducir. Tampoco sería conveniente, por ejemplo, en personajes públicos, decir cómo ha cometido la conducta suicidia, sino decir que ha fallecido por suicidio”.
-Hablamos de que, por ejemplo, una pesona se ha precipitado en un lugar público, donde mucha gente lo ha visto, en una época en la que las redes sociales llegan antes que nadie: ¿cuál sería la mejor forma de tratarlo?
“Podemos decir que una persona ha fallecido a causa de una conducta suicida evitando mencionar el lugar. Saber se va a saber porque, desgraciadamente, vamos a tener al que pasa por el lugar que lo ha grabado, pero, al menos, en el caso de los medios de comunicación que la población tiene ese sesgo de que son los medios fiables a la hora de llegar a esa información, es importante no decir el método usado. Tampoco asociarlo a cuestiones como qué dijo esa persona antes de cometer esa conducta suicida o no salir, por ejemplo, como con las niñas de Jaen, en donde incluso, fueron publicados hasta los audios, porque eso provoca que otro adolescente que quizás estuviera sufriendo acoso escolar llegue a la conclusión de que tiene que despedirse de sus familiares, sus amigos y tener a su alcance un método porque se ha dicho. Damos por hecho que todo el mundo sabe cómo suicidarse y da igual decirlo pero no, no da igual”.
El tabú del suicidio
-Las asociaciones que trabajan con todo lo relacionado con las conductas suicidas tienen unanimidad en esta cuestión. Entonces: ¿sigue viviendo la sociedad de espaldas al suicidio?
“Sí, por el mito que se ha arrastrado y por la vergüenza. En el siglo XVIII, los británicos decían que existía el mal inglés, que no era otra cosa que que los periódicos comenzaron a dar cobertura a las noticias sobre conductas y actos suicidas. El resto de países comenzaron a decir que en sus sociedades no pasaba. Es a partir de ahí cuando surge esa especie de silencio pactado en el que parece que si hablamos de ello hablamos de un fracaso social. Eso ocurre hoy en día con los propios políticos. El Día Mundial para la Prevención del Suicidio o el Día Internacional del Superviviente, que es en relación a los familiares, se vienen celebrando desde hace tres o cuatro años pero es algo instaurado desde 2003. Hacerlo público significa decir ¿qué está pasando en Canarias? ¿Dónde está el famoso plan de prevención suicida? ¿Se metió en él a los psicógos? No ¿Quién quiere reconocer públicamente un fracaso? Nadie”.

-Pongámonos en la situación de que alguien nos dice que ha pensado en quitarse la vida, que existe un peligro de suicidio : ¿cómo debemos actuar?
“Ahí tenemos que estar alerta y pendientes de esa persona. ¿Qué tengo que hacer? No contraargumentar, no intentar convencer porque no es nuestra misión y nadie te puede convencer de que hagas lo contrario sino, sencillamente, intentar comprender. Saber qué ha llevado a esa persona hasta ese punto. Probablemente, la persona te lo diga. En ese lugar es necesario conectar con su red de apoyo, que sea capaz de que lo comparta con ellos y luego intentar conectar con todos los recursos de ayuda. Personalmente, el mensaje es: es normal que estés pensando en eso por la situación que vives detrás y estoy aquí para ayudar en lo que necesites. Conectar con sus recursos de apoyo, como pareja, familia o amigos, también es clave”.
-Los factores socioeconómicos son clave a la hora de que las conductas suicidas de puedan multiplicar…
“En la crisis económica de 2008, lo primero que hizo saltar las alarmas, aunque eso rápidamente se taponó, fue que se elevaron las tasas de consumo de alcohol. Científicamente no se pudo comprobar que el número de suicidios aumentara, aunque se dio por hecho que la crisis ocasionó más problemas relacionales, como divorcios o problemas familiares. Debido a un problema social tú tienes unos problemas personales que realmente ni siquiera son tuyos, sino que la sociedad te ha dado un poco la patada, por así decirlo. Si estoy a punto de ser desahuciado y no me puedo buscar un piso porque actualmente valen 1.000 euros y cobro 780, es decir, si la sociedad te ahoga, el pensamiento suicida aparece. Lo ideal sería que esa persona, además, no tenga que conseguir el dinero que vale un psicólogo privado, sino que yo te pueda derivar a una unidad que te atienda el mismo día, no dentro de un año, sin antes pasar por el médico de cabecera, que te va a medicar en tres minutos. Por eso se dice que la conducta suicida está asociada, en un 90%, a tener problemas psicológicos, pero: ¿es eso la causa? No, es lo social, es lo familiar, lo económico lo que te lleva a estar un determinado estado de ánimo. Eso se nos olvida muchas veces”.
-Pero la sensación en la calle es que cada vez se suicida más gente…
“¿Cada vez se suicida más gente o cada vez se patologiza más todo? La tasa de suicidios va incrementándose, hablar de una epidemia es un error lingüístico, porque la epidemia es algo con lo que no hay nada que hacer, se contagia, te toca y ya. La realidad es que España, ahora mismo, está a la cabeza del consumo de psicofármacos y España está a la cabeza de la carencia de recursos profesionales en relación a esas personas. ¿Se entiende que puede ser normal que los suicidios aumenten cuando tú no estás ofreciendo la ayuda que la gente necesita? Sí. Hasta que los políticos no decidan poner los recursos gratuitos y accesibles, la tasa de suicidio seguirá aumentando”.

-¿Háy más suicidios ahora entre los más jóvenes?
“Sí. Antes era la primera causa de muerte a partir de los 35 y hasta los 44 años y ahora estamos bajando hasta los 29”.
-¿Tiene algo que ver eso con las redes sociales o los cánones de belleza?
“Como casusa-efecto, no. Ahora, si mezclas los problemas familiares, los problemas en el entorno escolar, la exigencia, la narrativa desesperanzadora que le estamos transmitiendo a los jóvenes junto con los cánones de belleza exigidos en el TikTok, por ejemplo, ahí tenemos la explicación multicausal. Pero no podemos decir “claro, están consumiendo mucho TikTok y por eso cometen un acto suicida“. ¿Dónde está esta chica o ese chico? ¿Cuál es su entorno? Por eso se dice que a algunos la pandemia los protegió y a otros les potenció los problemas psicológicos. El que tenía problemas en el colegio o el instituto encontró un refugio, siempre y cuando tuvieras un entorno seguro dentro de tu casa, pero es que hay casas que son realmente terroríficas. ¿Quién atiende la cantidad de abusos sexuales que hay? Porque las chicas no te lo dicen, ellas no van al colegio y lo sueltan en clase. Por la vergüenza que les da, ni a su mejor amiga se lo confiesan. Por eso es importante darse cuenta de los comportamientos, las autolesiones, el taparse… Eso tiene que hacerlo cualquier persona que esté en contacto con los más vulnerables”.
-Entiendo que, los primeros, los familiares, que son los que más tiempo pasan con ellos…
“¿Y si los familiares son los que provocan el malestar? A veces los padres son los propios responsables de que los adolescentes tengan ese malestar. Si yo tengo un niño de siete años, ¿cómo sé yo que sufre acoso? Nadie les ha dicho que tiene que ver si su hijo está apareciendo sin el estuche, si le desaparece la mochila o si les ve moratones en las piernas. A veces no saben qué mirar. Hoy en día, que no tenemos conciliación laboral: ¿quién tiene tiempo para todo eso? Vivimos ahogados”.
-¿Por qué nadie, desde las instituciones, parece tomar en serio la salud mental? Yo tengo la sensación, quizás equivocada, de que se le da más importancia a los psiquiatras que a los psicólogos.
“Porque en España tenemos un modelo biomédico donde se nos olvida que la medicina en general tiene un conflicto de interés muy gordo: las farmacéuticas. El otro día escuchaba que cada vez hay más problemas psicológicos, como si hubiera nuevos problemas psicológicos en el siglo XXI. Y se inventan, hay un sobrediagnóstico. Ese conflicto es un conflicto económico, lamentablemente. Los ciudadanos de a pie no lo saben, pero cuando tú te sientas delante de tu médico de cabecera y te mandan la famosa sertralina, el Prozac o el diazepam es porque ellos tienen unos visitadores médicos, trabajan con un laboratorio y es su misión. Si los psicofármacos realmente curasen las supuestas enfermedades que tiene la mente no estaríamos a la cabeza de nada, ¿no? Estaríamos todos curados. Un par de meses tomando sertralina y como nuevos. ¿Por qué no ocurre? Porque no existen las enfermedades de la mente. De hecho, científicamente, los antidepresivos no tienen más evidencia científica que los procesos terapéuticos e, incluso, no hacer nada, pero están los conflictos de intereses. Mientras mande el modelo biomédico, los profesionales de la psicología, no llegamos ni a las comisiones. No estamos. ¿Cómo vamos a defendernos si ni siquiera estamos ahí. Hablar de salud mental, que es un concepto que ni siquiera está recogido, pese a que todo el mundo habla de eso, es un modo de hacer clickbait. Se les pasó el tiempo a los políticos del plan de prevención de suicidios. ¿Se bajaron las cifras? Ni una sola”.
-¿Frases como “ahora todo tiene un nombre” o “nosotros de pequeños no teníamos TEA o TDAH” se debe a ese afán actual de opinar de todo o realmente hay un sobrediagnóctico?
“Cuando se dice “ahora todo es TDAH” la duda es si te lo ha dicho un profesional, pasando por una valoración completa, o ¿ porque hemos visto en un vídeo en redes sociales en las que alguien dicen que las personas que tienen TDAH tienen algunos rasgos que crees que pueden coincidir contigo? La identificacióm, algo tan necesario para el ser humano, es algo muy peligroso para los problemas psicológicos. ¿Existe un sobrediagnóstico? Sí. ¿Nos interesa que haya muchos nombres de enfermedades? Claro, sí, para mandar medicación. Y, si alguien no lo tiene, le hemos buscando un nombre, que es persona altamente sensible, que no existe en la literatura científica. Pero entras a ver un vídeo, te preguntan si lloras, si te emocionas con las películas y si cualquier cosa te afecta y se le pone una etiqueta. ¿Quién no se puede emocionar al ver una película? Con ese modelo biomédico que antes citaba, al final cojo un conjunto de comportamientos humanos, que no deberían estar patologizados, los meto con un nombre y tendré millones de personas que se sentirán identificadas porque todos queremos tener una explicación. Hay veces que la vida es así porque sí, pero eso no nos vale”.
-¿Hemos romantizado un estilo de vida, el del aquí y ahora, que no es saludable?
“Es una forma de protegerte. Yo siempre digo que hay personas que se levantan a las 05.00 porque es bueno productivamente subir un vídeo en el que pongo que me tomo el primer café, voy al gimnasio, llego al trabajo… Luego viene lo de necesito descansar, pero me siento culpable cuando lo hago. Seguimos un ritmo de vida, sencillamente, o porque somos borregos, porque está de moda productivizarlo todo o porque es una forma de no ser críticos. ¿Para qué te levantas a las 05.00 para ir al gimnasio cuando luego te pegas 10 horas aguantando a un jefe que no sé qué, a unos compañeros que no sé cuánto y haciendo los domingos un montón de tuppers para estar organizado. La vida no debería ser eso. Nuestro cerebro ni siquiera viene prediseñado para eso. De ahí vienen los picos de ansiedad o se me tumban los estados de ánimo. Lo moderno también enferma”.







