A comienzos de este año, el Hospital Universitario Nuestra Señora de Candelaria ponía en marcha un nuevo protocolo que permitía que las mujeres que fueran a ser intervenidas mediante una cesárea pudieran estar acompañadas. El objetivo de la medida, según palabras del propio centro hospitalario, era lograr una cesárea positiva, donde “la mujer se sintiera respaldada en todo momento, apoyada emocionalmente y partícipe del nacimiento de su bebé”.
Sin embargo, que este anuncio llegara en el año 2025 delata un cierto tufillo a violencia obstétrica, donde el bienestar de la mujer parturienta quedaba hasta hace bien poco relegado supuestamente al ajetreado turno de los responsables de la operación quirúrgica en cuestión. Las razones eran variopintas: desde el riesgo de una infección por la presencia del acompañante, a pesar de enfermeras, auxiliares y tropecientos estudiantes de Medicina pululando por quirófano, hasta el miedo a que se desmaye, propio de películas hollywoodenses.
Desde hace años, la OMS enfatiza en la importancia del acompañamiento durante el parto, cuya pareja o familiar debe estar presente en la sala de operaciones, si las condiciones lo permiten, con el propósito de apoyar a la madre. Lamentablemente, hasta comienzos de marzo de este año en curso muchas mujeres eran maniatadas en la fría sala del hospital mientras esperaban aterradas el llanto de sus criaturas. Algunas, incluso, se ven incapaces de contener las lágrimas al relatar su cesárea por el trauma que les supuso. El protocolo, totalmente obsoleto, privaba a las madres de reconocer un rostro familiar en uno de los momentos más especiales de sus vidas y eso, que me perdonen los profesionales del sector, tiene sustantivo y adjetivo.
Para suerte de futuras y actuales gestantes, las reglas han cambiado en los quirófanos del hospital de La Candelaria gracias al empeño de profesionales -benditas matronas, entre otras- que, durante muchos años, presenciaron en incontables miradas la soledad y el miedo tras la sábana azul. Afortunadamente, el cambio ha llegado. Tarde, pero ha llegado.
