Nadie se atreve a imaginar cómo será 2026 después de este inaudito 2025. Ignoro lo que nos deparará el siguiente round de la vida bajo el imperio de la inteligencia artificial, con el presidente de Occidente más tarugo de la historia y de ideas más carcas y extremistas. Las portadas del año en DIARIO DE AVISOS son un sano ejercicio de introspección.
La palabra arancel, premiada por la Fundación del Español Urgente, le dora la píldora a ese tipo ágrafo que se pelea con las palabras cuando habla y dice que esta es su favorita. Así se encubre la auténtica palabra del año, genocidio, que tanto rechazan los pelotas del emperador. Lo grave no es el gravamen, sino que todo se ha ‘jodido’ en un año, a velocidad de Trump, la carrera endiablada contra el tiempo de un octogenario, que el día que no esté y le saquen los cadáveres del armario serán legión los que le nieguen, como a otro ídolo repudiable de la historia.
Asistimos a un corrimiento de fe de la política a la mística, a causa del odio y la guerra, y es inevitable el anhelo de un papa antiTrump, que, por cierto, viajará este nuevo año a España y conviene hacer lobby para que venga a las Islas, como quería hacer Francisco. Robert Francis Prevost, peruano-estadounidense de origen canario, no defraudó en la misa de Navidad en San Pedro, condenando los horrores de Gaza y las políticas antimigratorias.
El falso catolicismo conservador español, que se baña en el odio a la inmigración, debería saber que negar al paria extranjero es negar a Dios, según el recado Urbi et Orbi de León XIV, como si estuviera pensando en el alcalde de Badalona, Albiol (PP), que se jactó de desalojar a 400 migrantes de un antiguo instituto y los dejó al raso. El Congreso logró desbloquear este año, cuando ya se eternizaba el boicot del PP y Vox, la acogida nacional de los menores migrantes confinados en las Islas, una de las mayores ignominias de la historia política española, símbolo del odio étnico y de un racismo rampante. El acuerdo fundió en un abrazo en Madrid al ministro Torres y el presidente Clavijo.
Cuando Sánchez pase a la reserva, le honrarán ciertos anatemas a ojos de la oposición, como haber abanderado la denuncia del genocidio palestino a manos de Israel, o haberse plantado ante Trump contra el 5% de gasto militar en la OTAN, cuando zorramente el republicano escondía bajo la manga su carta de divorcio con Europa. También se le echará en cara la cuota de corrupción del Peugeot, sin menoscabo del crecimiento económico del país y la gestión de la pandemia.
Los doce meses patológicos de Trump han precipitado lo que ya se denomina una era de la catástrofe, a base de genocidio, colapso climático y auge neofacista, como enumera Naomi Klein, la periodista que indaga en este cuarto de siglo y que se sumó in situ al escarmiento del nuevo alcalde socialista de Nueva York, Zohran Mamdani.
A Feijóo, trumpista por omisión, le perseguirán, en cambio, los silencios ante la masacre gazatí y ante los ataques a España y la UE por parte del americano, el año que el yanqui rompió 80 años de alianza con Europa. Que se dice pronto. Se raja justo con la amenaza rusa en la frontera. El gran traidor. Europa deberá hacerse cargo de sus posiciones defensivas (cuando de la OTAN solo quede el nombre) desde 2027. Pasado mañana.
De puertas adentro, España vive el desasosiego de la carestía de la vivienda y el robo del mañana de los jóvenes. También el rey teme por la democracia -en su mensaje navideño-, ante los populismos radicales. Vox ha dejado de ser un epifenómeno. Feijóo carga en la mochila con ese karma: le abrió paso a Abascal. En Extremadura, la extrema derecha dio un estirón. En Chile ganó Pinochet.
Condenar al fiscal general sin pruebas le pareció bien al líder del PP. Proteger con falacias a Mazón le llevará el 9 de enero ante la jueza. La Dana es el test español de la catástrofe del año. Algunos teóricos sostienen -citando a Walter Benjamín- que la historia es una montaña de escombros. De eso sabe mucho 2025, y de resorts de lujo sobre ruinas.
Un hombre bajito, bajo una lluvia de bombas, vuelve hoy a visitar al amo del mundo para intentar una paz reacia con Putin, del que confiesa: “Ojalá se muera”.
Todo pende en el aire de un funambulista que no tiene palabra -ni siquiera arancel-. Puede invadir Venezuela o hacer las paces con Maduro sin pestañear. Puede caer por los papeles de Epstein o darse un autogolpe. Dentro de 72 horas se abre el telón.
