por qué no me callo

Extremadura, más extrema derecha

Extremadura, territorio icono de la periferia plebeya, es ahora la primera linterna política del país. Las urnas reflejan el síncope en la izquierda española y la impotencia en la derecha aun cuando gana. No es un combate en tierra de nadie, es un aviso a navegantes.

Lo que salta a la vista es algo que debe inquietar, si se mira con gafas de lejos: el relincho de Vox, que se agranda como una tormenta perfecta. Frente a este domingo, Sánchez cambió ayer de portavoz, pero no dijo ni media palabra de Extremadura. Que la Moncloa no reaccione en caliente, exaspera a los socios. Un escenario nuevo se abre en el Gobierno.

Pese a la victoria inapelable del PP, no le tocó la lotería a Feijóo, ya que el objeto de estas elecciones era la mayoría absoluta y acallar a Vox. Todo un test para la idea de gobernar España con menos Abascal. Pero ha salido la moraleja al revés. Se consolida la sospecha de que, si pierde la izquierda, lo que llega es una versión dura de la coalición PP-Vox. Y que cada uno la adjetive como quiera.

Abascal cobra su primera pieza del nuevo ciclo, porque dobla la cuota de votos y diputados (del 8% al 17,24%, de cinco a 11 escaños). Y porque hizo campaña como si fuera el candidato, sin despegarse de Extremadura. El dato de este laboratorio le granjea, sin duda, los elogios de Le Pen y Orbán.

Vox confirma que va disparado, y pasa de socio bisagra a clave de bóveda de una alternativa conservadora. Esa es la lección de Extremadura para la derecha. Para la izquierda, es un mazazo, un espóiler de lo que le espera en 2027 si no se rehace a tiempo. Y reina mal ambiente a bordo.

Guardiola (PP), la presidenta, gana (29 diputados, uno más), sin mayoría absoluta. Y sus relaciones con Vox no son malas, sino lo siguiente. El PSOE (18), que pierde diez escaños en su peor pesadilla, es un socio inviable. Y sabe que Abascal quiere hacerla “pasar por el aro”, humillarla, incluso, vetarla.

El socialista Gallardo, procesado en uno de los casos vernáculos del antisanchismo familiar -el del hermano del presidente-, confirma que un candidato indebido no es un mal menor, es una catástrofe. Debió dimitir la misma noche.

En este contexto, se revaloriza Unidas por Extremadura (de 4 a 7 diputados), que crece más que el PP y desmiente el final comatoso de la izquierda. Con tan buen resultado, la confluencia de Podemos, IU y Alianza Verde (una traca de wokismo, ecologismo y feminismo que roncharía a Trump) anima a ese espectro a la izquierda del PSOE a ampliar su unidad, sin viejos rencores, o habrá sido flor de un día.

Hay un auge de derecha, pero, sobre todo, de ultraderecha. Un Feijóo presidente sin Abascal es cada vez más ilusorio. Las próximas elecciones serán un pulso entre un bloque progresista y otro conservador radicalizado. Blanco sobre negro. Y las encuestas serán menos fiables que el 23J. Una guerra preelectoral se adivina en 2026 a campo descubierto, entre izquierda y derecha y entre derecha y ultraderecha, como nunca antes.

Vox la ha vuelto a hacer. Y ha tendido una trampa al PP, provocando elecciones anticipadas donde le obstruye los presupuestos, para mostrar poderío. El PP inaugura así en Extremadura el tour de la extrema derecha. Vienen urnas en Aragón (febrero), Castilla y León (marzo) y Andalucía (junio). Lo que el PP imaginó un golpeteo contra Sánchez, amenaza ser una peligrosa exhibición de Vox. Y quienes urgen elecciones en el PSOE, ya sabrán por qué tienen que esperar con eterna paciencia, como Macron.

Ayuso proclamó su esperado “Sánchez pierde”, que ocultaba el “gana Abascal”. La sonrisa cortada de la presidenta, Guardiola, remite a 2023, cuando dijo sobre Vox que no pensaba “dejar entrar en el Gobierno a aquellos que niegan la violencia machista, deshumanizan a los inmigrantes o despliegan una lona para tirar a una papelera la bandera LGTBI”.

Una semana después pactó con Vox cumpliendo órdenes de Feijóo, ajeno a que sería una derrota autoinfligida. Los votantes menos extremistas no le perdonarían bailar con Abascal y le faltaron cuatro escaños para la investidura. Los que ahora le faltan a Guardiola para gobernar con mayoría absoluta. Mañana, en la cena, será larga la sobremesa en todo el país. Feliz Nochebuena.

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