Malos tiempos para el periodismo. Ya lo sabíamos. Pero no por el avance de la digitalización, que es aliada, sino por la crisis de credibilidad que genera entre la ciudadanía. Según el Informe Anual de la Profesión Periodística 2025, presentado recientemente por la Asociación de la Prensa de Madrid, la confianza en los medios se sitúa en un 5,4 sobre diez, la más baja desde 2022. El descenso se debe al recelo que genera (44 %) y a la excesiva identificación de sus protagonistas con determinadas ideologías o partidos políticos (43 %).
Esta impresión no pasa desapercibida para el colectivo: observa que la mala imagen del periodismo se debe al amarillismo, al sensacionalismo y a la espectacularización de la noticia (46 %), a la falta de rigor y calidad de la información (43 %) y a los intereses económicos o políticos de los grupos editoriales (41 %). La mala praxis, como en cualquier otra actividad humana, se penaliza. Y en este caso, el maltrato al desempeño periodístico se genera por una doble vía: forma y fondo.
El Informe incluye, además, la reivindicación de mejoras salariales. Sorprende la demanda, pues parece poco probable satisfacerla considerando que lo que se ofrece al mercado no genera complacencia, deseo de compra. ¿Cómo, entonces, se pretende cobrar más? A perro flaco todo son pulgas. Y lo que es peor, visto el andar, difícil augurar optimismo. Lo de cuidar el producto con esfuerzo y competencia, a la vez que se incorpora la deontología como valor primero, es una quimera en buena parte de las empresas informativas de España. Y las que son excepción confirman la regla.
La calamitosa realidad hace que la mayoría de profesionales participantes en el Estudio asegure que el problema de salud mental es “grave o algo grave”. La mala retribución es la principal causa que incide de forma negativa en la estabilidad emocional, seguido por las largas jornadas laborales, la poca valoración del trabajo desempeñado y el trato o presiones recibidas por la jefatura o clientela en el caso de agencias de comunicación. Difícil ponerle buena cara al mal tiempo. Difícil, visto lo visto, que aumente el alumnado en los grados de Periodismo y Comunicación Audiovisual: 1490 estudiantes menos en el curso 2024-2025.
En cuanto a los medios preferidos para informarse, la población lo hace a través de la televisión (54 %), los diarios digitales (46 %) y los enlaces a noticias en las redes (25 %). La juventud, por su parte, se decanta por los medios de comunicación en redes sociales (56 %) y la televisión (40 %).
Pese al interés de estar informado, el 91 % de quienes ejercen el periodismo cree que la desinformación es un problema muy importante en España, lo que significa seis puntos porcentuales más que el año pasado (85 %). Para combatirla recurren a otras fuentes implicadas en la noticia (78 %), a entidades de verificación (40 %) y a la investigación en internet (38 %).
La acción del Gobierno para reforzar la transparencia, el pluralismo y el derecho a la información a través de su Plan de Acción por la Democracia se incluyó, de igual forma, en uno de los apartados del Informe. Y las valoraciones no dejan bien parado al Ejecutivo presidido por Pedro Sánchez: mientras el 60 % de la profesión estima que las medidas propuestas no contribuirán a la transparencia y al pluralismo, el 57% opina que tratan de conseguir un mayor control gubernamental de los medios críticos e independientes.
En fin, pese a los nubarrones (será por eso) continúo pensando que vivimos el mejor momento de la historia para ejercer el periodismo.

