El Gobierno de Canarias ha celebrado por segunda vez, a las puertas de la Navidad, un acto destinado a singularizar la trayectoria de personas que desde hace décadas trabajan en la protección, conservación e investigación histórica de una parte esencial de la cultura del Archipiélago. Una cultura entendida no como un concepto abstracto, sino como el conjunto de valores, saberes y prácticas que una sociedad hace suyos, y que se transmiten de generación en generación como herencia común.
El Teatro Guiniguada fue el escenario, el pasado jueves once de diciembre, de la entrega de las distinciones Identitaria Canarias 2025, un reconocimiento de carácter bienal que el Ejecutivo autonómico concede a personalidades cuya labor ha sido fundamental para la defensa, el estudio y la difusión del patrimonio cultural canario, en todas sus expresiones: el arte, la historia, la memoria documental y los valores que conforman nuestra identidad colectiva.
La difusión es en todo caso fundamental, por eso entendemos que los responsables orgánicos y las iniciativas sociales en general, deben atender adecuadamente las exposiciones, los medios audiovisuales y las ediciones de catálogos y memorias, que tienen que llegar a la mayor parte de las bibliotecas y archivos, con este propósito ya está próxima la edición del Catálogo de la magnífica exposición ‘El Hierro en Plata’ de la que fue comisaria Ana Ávila -infatigable- que ha tomado la antorcha dejada por otros insignes herreños del pasado.
En esta edición han sido cuatro las personas distinguidas, dos mujeres y dos hombres, cuyas aportaciones no responden ni al azar ni al destino, sino —como subrayó en su momento el filósofo Wilhelm Dilthey— al peso decisivo de las vivencias, el carácter y el compromiso individual con la comunidad. Cada una de ellas, desde su propio recorrido vital, ha contribuido de forma generosa y constante a fortalecer los cimientos culturales de Canarias.
No se trata de separar ni de diferenciar frente a otros reconocimientos institucionales, sino de poner en valor una forma concreta de entender la cultura: aquella que nace del respeto por lo heredado, de la responsabilidad con el presente y de la conciencia de que el patrimonio cultural pertenece, en última instancia, a la humanidad entera.
Los nombres de Ana Ávila, Matilde Arnay, Isidro Ortiz y Sebastián López quedan así inscritos en los registros de una memoria que no aspira a ser efímera, sino imperecedera, porque forma parte del legado cultural de la humanidad y de la historia compartida de Canarias.
