tribuna

Los evangelios según Sánchez

Esta semana, con el año haciendo las maletas, los hemos escuchado a todos: Sánchez, Feijóo, Leyen, Trump… Y Ucrania sigue en guerra. Europa perdió a EE.UU. de aliado. “La paz de ayer se ha esfumado”, sentencia la presidenta de la Comisión Europea.

Recuerden la fecha: 24 de febrero de 2022. La invasión rusa de Ucrania se revela la refundación de la UE. Todavía teníamos a papá EE.UU. Ya huérfanos, la madrugada del viernes, la última cumbre europea del año acordó endeudarse en 90.000 millones para salvar a Ucrania y a Europa, la única gran potencia que libra una guerra contra otra potencia, y saldrá fortalecida. Ucrania, el ejército mejor entrenado del continente, es su vanguardia militar.

En España, las discusiones políticas en las cenas navideñas no son recomendables. Cinco millones de españoles admiten haber roto relaciones familiares o de amistad este 2025 por desavenencias políticas. La polarización, futbolizar la ideología nos condena.

Sánchez es un árbol de Navidad que exaspera al PP, porque no acaba de ser un árbol caído. Seguirá gobernando, anuncia, sobre el alambre, contra el “tornado de la crispación” del duopolio PP-Vox, que hoy, en Extremadura, se reeditará forzosamente, según el propio Feijóo, tras agitar el fantasma de un pucherazo por el robo de un paquete de votos por correo, que resultó ser un hurto común: un bulo desangrado en tiempo real. Subir las pensiones, el sueldo de los funcionarios y el salario mínimo es el conjuro de Sánchez contra ese maleficio.

Las penalidades de Feijóo provienen del día que bendijo el pacto de Mañueco y Gallardo, el tándem con Vox en Castilla y León, antes de las elecciones generales. Fue su mayor error, como el de Sánchez subir a Ábalos y Cerdán al Peugeot.

Hay fotos que marcan vidas políticas. A Trump le persiguen las fotos y pruebas de la tribu de Epstein, que publicó el viernes torticeramente mutiladas. 48 horas antes iba a declarar la guerra a Venezuela, y cambió de opinión (por eso lo apodan TACO, cobarde). A Maduro le pasó rozando la bala de Trump. Ya predijo Hugo Chávez que EE.UU. lo invadiría por el petróleo acusándolo de narcotraficante. Una profecía casi autocumplida.

Ahora la política es el arte de la guerra, con sus consignas sobre la dispersión y la muerte. Sin ser Sun Tzu, Ayuso especuló hace meses con que Sánchez la quería “matar”. No nos puede extrañar que el 14% de los españoles haya disuelto vínculos familiares y amistosos por las peleas políticas. Iñaki Gabilondo me contó que, en el País Vasco, su madre ponía como condición en las comidas familiares que no se hablara de política.

No deja de sorprenderme que un antiguo extremista como Gabriel Rufián (ERC) hoy emerge como un aglutinador progresista en un caótico Congreso, donde ni oyen ni dejan hablar. En la copa navideña de Alcorcón, Ayuso lanzaba puntas a Feijóo, con su top burdeos y su teoría de no son tiempos de “tibios”. Y el gallego se enfurruñó y le mandó recados en los canutazos posteriores.

En el recopilatorio de meteduras de pata de Feijóo, la última fue en ese ágape, donde alardeó como gallego de tener más litoral que nadie, acusó a los andaluces de “no saben contar” y se olvidó de que en costas ganamos los canarios (1.583 kilómetros). Las cuentas de Feijóo. Le faltan cuatro votos para la censura. Y Aznar no para de repetir -lo ha vuelto a hacer- que “el que pueda hacer, que haga”. Otro que la bordó con la foto de los pies sobre la mesa con Bush y que nos metió en la guerra fake de Irak.

¿Qué profecías aguarda Sánchez para aguantar un 2026? Es evidente que espera por los juicios del PP, por Mazón, por la pareja de Ayuso… y el declive de Trump. El annus horribilis del republicano no es una hipótesis descabellada, tras el fiasco de la palabra del año según Fundéu (arancel), el repudio entre los suyos por el affaire Epstein y las elecciones de medio mandato en noviembre, donde puede perder el control de las dos cámaras.

Si un día cae Trump (todo tiene un límite), sería un tsunami contra una ola: la ultraderecha mundial, obligada a reescribir su historia, cual religión sin dios. Sánchez deposita su fe en 2026 para salvar al sanchismo. Los más mesiánicos se reconfortan en los evangelios, que dicen que quien resista será salvo.

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