tribuna

Navidades de ayer, sentimientos de siempre

Cuatro décadas atrás, el periodista e investigador Esteban Domínguez Hernández (1945-2024) nos regaló, a través de la prensa y posteriormente en su libro Apuntes Realejeros, un apartado dedicado a la recopilación de vivencias ligadas a las fiestas navideñas en Los Realejos en el tránsito de los siglos XIX-XX. Entre esos testimonios agrupa recuerdos de don Guillermo Camacho y Pérez-Galdós, don Manuel Hernández Fuentes y doña Bienvenida Hernández Fuentes.

Don Guillermo, nacido en la capital tinerfeña, evocaba con especial entusiasmo su infancia a comienzos del siglo XX. En su memoria, la Navidad se llenaba de ilusión al recordar los pasteles caseros, la misa de la luz, la Misa del Gallo y el esmero con el que se preparaba el Nacimiento del Niño Dios en los hogares. La Nochebuena era un momento esperado, donde la solemnidad religiosa se mezclaba con la alegría de las parrandas que recorrían los barrios cantando hasta bien entrada la noche. En la mesa nunca faltaban la sopa de gallina, el vino y los turrones de Tacoronte, compartidos siempre en buena compañía.

Don Manuel recordaba aquellas cenas sencillas pero abundantes, con gofio, potaje y pescado salado como protagonistas. Tras la Misa del Gallo, era habitual salir con los amigos a recorrer las calles del pueblo, prolongando la celebración entre risas y canciones. En Fin de Año, muchos jóvenes se desplazaban a núcleos cercanos como Santa Catalina, San Juan de la Rambla o Las Aguas, donde continuaba la fiesta.

Doña Bienvenida conservaba un recuerdo muy vivo de la solemnidad de la Misa del Gallo, oficiada por tres curas y acompañada de villancicos, panderetas y guitarras. En su casa, su padre sacrificaba los cochinos para la ocasión, y en la mesa no faltaban los pasteles -uno entero para los mayores y medio para los niños- junto al licor casero.

Son recuerdos de personas nacidas a finales del siglo XIX que nos hablan de una Navidad sencilla, compartida y profundamente humana, cuya esencia aún perduraba hasta bien entrado el siglo XX en la memoria colectiva de Los Realejos.

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