Acaba de enviarme Antonio Salgado un libro sobre la llegada de la luz eléctrica a Canarias. Las dos primeras ciudades iluminadas creo que fueron Santa Cruz de La Palma y La Orotava. Salgado, que trabajó en Unelco, sabe tanto de luz como de boxeo. Él, Fernando Vadillo, Manuel Alcántara y Julio César Iglesias han sido los cuatro cronistas que mejor han escrito sobre este deporte. Salgado tiene la ventaja sobre sus compañeros cronistas que sabe más de luz eléctrica, invento del cual los otros tres no tenían ni tienen -sólo quedan vivos Julio César y el propio Antonio- puta idea. Casi todo en Canarias es surrealista y la llegada a nuestros pueblos y ciudades de la luz eléctrica tiene mucho de esperpento, con carcasas de madera en las máquinas y piezas de dudosa reputación. Pero al final se hizo la luz, muy tarde, como en Fuerteventura, en donde todavía Unamuno leyó con candil los tres libros que se trajo al exilio, entre ellos La Divina Comedia. Hasta el año 1931 los majoreros no pudieron darle al interruptor: no había. El libro de Antonio se titula La prehistoria del alumbrado y de la electricidad en Canarias. Lleva un prólogo del arquitecto Sebastián Matías Delgado Campos, que murió en abril de 2024. Contiene unas fotos muy buenas para el recuerdo y unos textos muy bien escritos, como siempre los pule Antonio Salgado, que es amigo mío desde tiempo inmemorial. Para los curiosos de los acontecimientos relevantes recomiendo su lectura. Todo en Canarias ha sido difícil, también la luz eléctrica. Los canarios transitamos por las rendijas de la historia como pollos sin cabeza, pero al final, no me digan cómo, las cosas se resuelven. Lo de la luz eléctrica fue una odisea. Y lo de los hombres que la hicieron posible, una cosa de héroes.
