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Soledades

Soledad es una palabra abstracta, de esas de las que dice la gramática que no podemos percibir con ninguno de los cinco sentidos, sino que únicamente puede ser captada por la mente. Por eso, me resulta curioso que la RAE, en su segunda acepción, afirme que soledad es “lugar desierto, o tierra no habitada”. Más allá de que, en este caso, la soledad a la que se refiere el diccionario, podamos verla o no, lo que está claro es que todos, de forma voluntaria o involuntaria, la hemos sentido en algún momento de nuestra vida, confirmando así ese carácter gramaticalmente abstracto. Y es que las palabras están tan atadas a la realidad que designan, que es casi imposible que se desprendan de ella, por eso, en algunas ocasiones, es posible ver, tocar, o incluso, oler, ese “lugar desierto” del que habla el diccionario. De hecho, el gran Góngora se atrevió a enumerar las Soledades y, aunque no acabó la Segunda, trazó el camino, la odisea, la travesía peregrina de este sentimiento tan universal como enrevesado. No es casual que sea un viaje el protagonista de su poema, un viaje que, a pesar de no llegar a puerto, hace numerosas escalas y, en ellas, habla de muchos temas, de muchas emociones y de muchas soledades.

No sé por qué he recordado a Góngora en este diciembre, como si tuviera algo que ver un poema del XVII con este mes en el que la felicidad contenida fluye, porque es diciembre. Y es que cada final de año ocurre igual que cuando una fiesta está a punto de acabarse, que suena la mejor música y la gente se anima y olvida la vergüenza y se pone a bailar y a disfrutar justo ahora, ya, vamos, rápido, antes de que enciendan las luces, todo se acabe y llegue el final. En lugar de haber aprovechado la fiesta, de haber disfrutado del camino, de haber rumiado cada verso del poema, resulta que nos entra la prisa en el último momento y, como si no hubiera un mañana, salimos a la pista, y, venga, todo el mundo bailando, que es gerundio, y es lo que toca. Que no vayan a pensar que estamos tristes o que estamos solos. Que la Navidad es alegría y felicidad y todas esas palabras abstractas. Todas. A pesar de que tu experiencia sea otra y de que tu viaje tenga otro final, lo que cuentan son las luces, los regalos y los brindis. Es lo que toca y lo que vende. La atmósfera navideña se impone, como si la felicidad estuviera en el ruido de la calle y en las compras. Da igual que lo sientas ajeno porque, tarde o temprano caes en las redes de diciembre, en las colas ingentes, en los gritos al tráfico y en el corre corre que apresuran todos los finales.

Que la Navidad es alegría y felicidad y todas esas palabras abstractas. Todas. También ausencia, nostalgia y todos los vacíos. Hombre, no. No hay que exagerar. Ahora no toca, ahora es fun fun fun y la vida afuera y foto en redes, que si no, no hay fiesta ni belleza. Lo que no se ve ni se comparte en la web no importa, nada significa. Lo que no es viral son abstracciones, sensaciones tuyas, mujer, tonterías.

Entonces, qué pintará aquí y ahora Góngora y un peregrino recorriendo Soledades, “menospreciando la corte1” y los ruidos en favor de todos los silencios. Como si en eso estuviera la certeza de las cosas, como si la Navidad no fuera una y la misma para todos. Lo dicen las redes y todos los youtubers y la misma música de siempre y los gorros de reno. Y yo dale con Góngora, que es antiguo y no tiene seguidores, solo Soledades. Qué más da hoy este poema viaje hecho con palabras que existen en cualquier época del año, esas que no son abstractas porque se ven y se tocan y hablas con ellas cada día y las disfrutas. Y todo ello, a pesar de que no hay luces ni me gustas. Todo ello a pesar de que no hiciste fotos porque la felicidad es para ti, no para los otros. No hay escaparate que valga, porque aún conservas tus deseos. Y, aunque a veces llores las ausencias, sientes que también son felices, e incluso, disfrutas la nostalgia, “los lugares desiertos”, porque crees que echar de menos también es un regalo, el recuerdo de lo vivido y la posibilidad de lo que queda por venir.

1 El tópico “Menosprecio de corte y alabanza de aldea” en Góngora, especialmente en sus Soledades, es una antítesis literaria que exalta la vida sencilla, pura y natural frente a la vida corrompida, ruidosa y ambiciosa de la corte.

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