Como era de esperar la prensa progresista resalta los votos particulares frente al texto de la sentencia aprobada por la mayoría de la sala del Tribunal Supremo. No es la primera vez que se utiliza el voto particular para hacer la interpretación conveniente y contundente de un auto judicial. En esta ocasión no iba a ser diferente. En el fondo se trata de una falta de respeto a las decisiones mayoritarias de los órganos colegiados que, traducido al román paladino, se llama derecho al pataleo. Esto no significa que las actuaciones judiciales no sean criticables, aunque su efecto ponga bajo sospecha la autonomía y la independencia de los jueces. En fin, como digo al principio, era de esperar.
Algunas opiniones, como la del ministro Bolaños, solo aluden a una aplicación no demasiado benévola de la presunción de inocencia. No entiendo estas componendas jurídicas, pero como van dirigidas a la gran masa, supongo que quieren dejar caer algo así como que la condición de presunto inocente pesa más en el ánimo de los que simpatizan con él que la de presunto culpable. Imagino que son cosas de la semántica más que del derecho, y yo me manejo mejor en el uso de las palabras. En el fondo se pretende alimentar la sensación de la injusticia como primer argumento del victimismo. Todo en aras de la movilización y de la implantación del relato, algo, por otra parte, totalmente legítimo, aunque resulte ser un poco cansino por la repetición insistente de estas técnicas.
Tengo la impresión de que los comentarios no son lo suficientemente sólidos para presentar un recurso ante el Constitucional. La razón que me lleva a mantener esta afirmación es la no conveniencia de desandar el camino del nombramiento de la señora Peramato, en lo que significa de rectificación a las supuestas dependencias de la anterior fiscalía, que parece ser la madre del cordero en este asunto. Reponer a García Ortiz sería renunciar a un acto de supuesta regeneración y volver a la frase de “quién nombra al fiscal, pues eso”. No creo que vayan por ahí los tiros y todo esto no es más que la pataleta movilizadora tan necesaria para seguir viviendo.
En lo que leo, va más de periodistas que de expertos y se hace hincapié en las filtraciones a la Cadena SER y al que no puede revelar sus fuentes que a la nota de prensa de la que la fiscalía se reconoce autora desde el primer momento. El minuto uno, como se dice ahora. Siempre me he preguntado cuándo empieza a contar ese minuto, si en el punto cero o durante el tiempo de su transcurso. Prefiero pensar que siguiendo las reglas del movimiento uniformemente acelerado existe siempre el impulso de la velocidad inicial. Es decir, quién da las órdenes para que se lleven a cabo las actuaciones, quién impone el estilo. Mejor sería no ahondar en estos temas porque nos conducirían de forma deductiva a donde nadie pretende llegar. Gracias a Dios que la sentencia no entra en lo que la mayoría de los que iniciaron el proceso estaban pensando.
Con todas estas reflexiones sobre la mesa es de suponer que la polémica se cerrará pasados unos pocos días, siguiendo el guion de los últimos relatos, que se parece más a una carrera de relevos que a otra cosa. Esto del fiscal todavía está caliente. Mañana se enfriará y pasaremos a otro asunto

