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Ya nadie se acuerda

Canarias tuvo un gran viceconsejero de Acción Exterior, Paco Aznar, que en el momento más brillante de su gestión fue cesado por Adán Martín por un motivo extravagante: lo hacía demasiado bien. Paco Aznar sí que puso a Canarias en el mundo, sobre todo en Venezuela, Argentina y Cuba, además de conseguir que todos conocieran el papel de las islas en la historia de otros países. Lo consiguió a fuerza de tesón, de viajar mucho, de organizar multitud de actos culturales y de promoción de nuestros artistas, de nuestros hombres y mujeres ilustrados y de recordar el papel de estos peñascos atlánticos en la emigración. Las intrigas de Adán Martín la tomaron con Francisco Aznar, que es catedrático de Bellas Artes de la Universidad de La Laguna, pero que tenía unas dotes diplomáticas envidiables, dignas de un embajador de la más pulida escuela tradicional. Gracias a él, yo fui recibido por Hugo Chávez, por ejemplo, y, cuando la tragedia de Vargas, gracias a Paco Aznar Venezuela recibió los donativos de los canarios, en los que no dieron la talla algunos ayuntamientos, uno de los cuales tuvo la desvergüenza –lo digo como anécdota— de tirar de almacén de objetos incautados y de enviar a las familias afectadas unas bolas chinas de esas que se meten por el culo para darse gustirrinín (los chinos y los que gusten de esas artes). El Gobierno de Canarias contrató un avión ruso de carga Antonov, tal era la cantidad de ropa, comida y otros enseres que se entregaron, bolas incluidas. Hay que recordar que Paco Aznar y su más estrecho colaborador, Quico Gutiérrez, abandonaron a sus familias unas Navidades para trabajar por los afectados por las escorrentías del Estado Vargas, sobre el terreno. Nadie recuerda eso. Incluso el Estado Vargas ya no se llama así. Un abrazo a los dos.

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