Hoy toca la Viena de los valses. Alguien dice que es la de los nostálgicos, pero yo la prefiero a la de Orson Welles saliendo de una alcantarilla. La música siempre es mejor. Imagino a las parejas bailando, dando vueltas en torno a sí mismas mientras la orquesta suena en el quiosco. Un chiquillo anuncia los periódicos y el parque se llena de farolillos de colores. Pese a todo, Austria es de ultraderecha y se respira ese rancio regusto por la banda de cornetas, cornos y trombones bajo un sombrero tirolés. Antes del concierto he visto al papa oficiando una misa bajo el baldaquín de Bernini, sujetado por robustas columnas salomónicas. Todas estas cosas me sugieren un pasado que no es capaz de encontrar el relevo. Siempre empezamos el año igual, con el Vaticano y la Filarmónica, rompiendo esa idea de liberarnos de la tradición. El año nuevo no quiere desprenderse de lo antiguo. El año nuevo no es progresista. La mayoría de los músicos están calvos o canosos. El único joven es el director, sonriennte y un poco endeble, como sacado de un musical de Broadway. En el descanso nos vamos a un museo donde hay obras de Kansdinski. Este pintor también es de otro tiempo aunque nos siga pareciendo rabiosamente moderno. No está mal encontrarse con el arte una vez al año. Viendo al papa protegido por Bernini me reconcilio con el barroco. El barroco es una época excepcional. Juan Sebastián Bach y todo eso. Hace unos días vi en la tele una ópera de Rameau, desde París, dentro del gran edificio de Garmier. Ahora hay gente fea y destartalada, como Putin y Trump, y parece más contagioso que la gripe A. La gente anda muy soliviantada y esto me hace pensar en que es saludable este retorno a los valses y a las polcas para comenzar el año. El resto lo reservo para Scriabin o Khachaturian. Estoy en la cama con un catarrazo. Es uno de esos andancios de los que se culpa al cambio climático. Deben perdonarme, pero soy del plan antiguo. Cuando era joven dibujaba fachadas renacentistas y me regodeaba con las villas de Paladio y veía los libros con los órdenes, de Vignola o Sebastiano Serlio. No me he podido recuperar de esos vicios.
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