Han encontrado a Boro, el perrito mezcla de schnauzer y de aguas que sobrevivió al accidente de Adamuz, y su dueña también, pero que escapó del tren, huyendo de la catástrofe. El pobrecito animal, que había perdido su collar y su localizador, estuvo vagando cuatro días por los alrededores del lugar del accidente y finalmente la Guardia Civil y Emergencias de Andalucía han podido rescatarlo. Probablemente, a esta hora ya estará junto a su dueña, una joven muy guapa que resultó herida leve en el siniestro y que lloraba por su desaparición. En medio de tanta tragedia, una buena noticia. Ustedes saben que yo tengo una perrita, Mini, que en marzo cumplirá 16 años. Es una yorkshire, a la que saco a la calle en un carrito, que le falta una pata porque tuve que cortársela tras un cáncer, hace ya seis años, y que ha sobrevivido a una piometra y a una pancreatitis, gracias a Jorge Viciana, un grandísimo veterinario. No saben la compañía que me hace y soy consciente de que pronto acabará su ciclo vital, lo mismo que terminará el mío. Es una perra feliz, aunque vea poco y oiga menos. Mientras ella no sufra yo estoy bien; y ella no sufre. Me he adaptado a su vida y no al revés: ni viajo por no dejarla sola, ni voy a comer a restaurantes donde no admitan perros, no ladra, no muerde, no molesta, es dócil y me he gastado mucho dinero en su salud, muy bien empleado. Las pastillas para proteger su piel cuestan 50 euros, su pomada para los ojos alcanza un precio estratosférico, la bañan una vez por semana en casa, tiene una cama en el salón y otra en mi dormitorio y cuando no me ve me busca por toda la casa. Forma parte de mi vida. Vale la pena quererse así. Los animales son mucho mejores que las personas.
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