tribuna

Caminando por la senda de la democracia

En el año de 2025, se marchó el mes de diciembre y entró el mes de enero de 2026. Entonces pude comprobar que el mundo estaba revuelto como nunca. Ucrania, Gaza, Oriente medio y Venezuela principalmente. No hay quien lo entienda y llevamos ya 25 años del siglo XXI donde pensábamos que el orden internacional iba a mejorar, pero todo lo contrario: más guerras, más terrorismo, más migraciones, más incendios y más catástrofes naturales. No sé en verdad adónde vamos a parar. De Ucrania y Gaza mejor es no hablar, pero de Venezuela sí que vale la pena ponerla sobre la mesa después de las elecciones presidenciales del domingo 28 de julio de 2024. Hemos visto que el chavismo se ha atrincherado ante el clamor mundial, que le ha exigido un recuento transparente, democrático, de las papeletas para poder verificar los resultados en Venezuela. Por ello no me extraña las exigencias de algunos países importantes y de centros y organizaciones mundiales exigiendo el resultado del conteo oficial de los votos de la ciudadanía venezolana. Había que ver, además, los porqués de muchas acciones antidemocráticas del gobierno de Maduro con algunos candidatos de la oposición y con los ciudadanos venezolanos repartidos por el mundo. Por eso me gustó que saliese en la televisión el amigo vasco-venezolano Iñaki Anasagástegui dando cuenta de lo sucedido en las citadas elecciones del 28 de julio, donde casi solo pudieron estar presencialmente los españoles Zapatero y Monedero, dos personajes ligados a la izquierda mundial. Recientemente, en diciembre de 2025, María Corina Machado fue galardonada en Noruega como Premio Nobel de la Paz el martes 9 de diciembre por su lucha por la democracia en Venezuela. El premio ha sido visto como un respaldo internacional a la oposición venezolana y su lucha contra el régimen actual. El Nobel anunció en octubre que María Corina Machado recibiría el galardón por su “incansable” labor en la promoción de los derechos democráticos del pueblo venezolano. Ello me recordó, en el caso de Zapatero, presidente del Gobierno español hace años, su interés en mediar en los actos políticos que le interesaban. Entre otros, recuerdo de mi etapa como eurodiputado el interés de la Internacional Socialista en conseguir que Marruecos formase parte de la Unión Europea y el cambio de giro del PSOE respecto al Sahara. Quizás les haya servido para mantener la actitud actual en el personaje del presidente Sánchez. A lo mejor sería bueno preguntárselo a un periodista español, Ignacio Cembrero, que vivió a comienzos del siglo XXI las consecuencias de sus críticas al rey de Marruecos en relación al Sahara, entre otras cuestiones, y a algún miembro del Intergrupo Sahara, como Raimon Obiols, que visitamos en 2001 los campamentos de Tinduff en Argelia. Menos mal que la Unión Europea no ha tomado ninguna decisión por cuanto el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aún no ha adoptado resolución alguna respecto al futuro del Sahara. La autonomía marroquí no es la solución al conflicto pese a lo que digan algunos países interesados.

*Exeurodiputado tinerfeño