Cada día que pasa, y ante las atrocidades de EE.UU. que refuerzan la idea de una distopía, en España, en Europa, nos sentimos secuestrados por esa alteración de la realidad, con el susto en el cuerpo, mientras no cesan los sucesos trágicos a nuestro lado, como el accidente ferroviario de Córdoba y las réplicas en Cataluña.
¿Qué mensaje contienen las imágenes feroces de EE.UU. este primer mes agorero de un annus horribilis que nos sacuden en las portadas de la prensa? La lectura del odio caótico en una gran democracia autorreferencial para todos nosotros es el temor de que algo similar acabe sucediendo en nuestras sociedades en esta orilla. Pues crecimos asumiendo que EE.UU. era la antesala de nuestros propios hábitos sociales.
Los diez balazos que acabaron con la vida del enfermero de 37 años Alex Pretti han elevado el escalafón de las protestas, hasta romper el silencio de Barak Omaba y Bill Clinton, que no abrían la boca por una norma no escrita de cortesía presidencial. Ambos expresidentes demócratas no han podido contenerse y en sendos comunicados, en X (antes Twitter), muestran ahora su indignación. “Es una tragedia desgarradora”, afirman el expresidente Obama y su esposa, que acusan a las patrullas fronterizas y el ICE -la Gestapo de Trump, las llama el novelista Stephen King, el maestro del terror- de emplear tácticas de intimidación y acoso contra la población de Minnesota, un feudo demócrata que exaspera al actual presidente republicano. Los Obama responsabilizan a Trump y al círculo presidencial de falsear los hechos y de estar “ansiosos por agravar la situación”.
Lo que transmite este último dardo es la creencia generalizada de que Trump pretende interferir en las elecciones de medio mandato, de noviembre, porque está abocado a perderlas y a ser apartado del poder mediante un impeachment. En caso de violencia callejera, podría tratar de suspenderlas.
Especialmente gráfico resulta saber cómo dice sentirse John Mitnick, responsable jurídico del Departamento de Seguridad Nacional en el primer mandato trumpista: “Furioso y avergonzado por la ilegalidad, el fascismo y la crueldad”.
Un ciudadano español y europeo, repito, debería escandalizarse a título preventivo, ante las crueles imágenes de Mineápolis, la muerte a tiros de Renee Good, la poeta estadounidense madre de tres hijos que sonreía al volante de su vehículo segundos antes de que le descerrajaran tres disparos en la cara, y un venezolano herido en una pierna, antes de la asombrosa detención de un niño ecuatoriano de cinco años, al regresar del colegio, cuya cara apenada lo decía todo. La ola de trumpismo viene cargada de esos presagios.
Europa ha sido un continente hecho a sí mismo, pero también, como decía, a imagen y semejanza del estándar americano, cuyas modas, buenas y malas costumbres suelen ser posteriormente imitadas en nuestro hábitat social. Ahora, tras aterrorizarnos, hace cinco años, la agonía y muerte del afroamericano George Floyd, asfixiado en la calle por un policía, en esa misma ciudad se repite la historia con agravantes. Grupos de vecinos han vuelto a organizarse en patrullas de panteras negras, como en tiempos del racismo. El sonido de los diez disparos secos contra un hombre indefenso en la calle, bajo una nube de agentes enmascarados, resuena en nuestros oídos. Lo hemos visto todos con nuestros propios ojos gracias a los vídeos grabados por los testigos.
Un personaje fantoche semi rapado, enfundado en un abrigo largo de doble botonadura de color verde oliva, con bufanda, ha irrumpido al frente de la temible Patrulla Fronteriza de ocupación causante del derramamiento de sangre. Se llama Gregory Bovino y tiene andares nazis. Es, por lo visto, el hombre duro que ejecuta el plan Trump de limpieza migratoria y crispación social con las tácticas más depuradas de represión.
Bill Clinton invoca, ante estos casos de “asesinados a tiros” en su país, una respuesta ciudadana: “Si renunciamos a nuestras libertades después de 250 años, es posible que nunca las recuperemos”, afirma, dejando entrever los malos augurios de que una dictadura podría estar en camino, y concede a estos hechos una trascendencia flagrante: “A lo largo de nuestra vida, solo nos enfrentamos a unos pocos momentos en los que las decisiones que tomamos y las acciones que llevamos a cabo darán forma a nuestra historia durante los años venideros. Este es uno de ellos”.
¡Quién diría que estamos hablando de la madre democracia norteamericana y que Bill Clinton parece estar diciendo por dentro descanse en paz!
