por qué no me callo

Dos trineos y un perro

Esto, la barbarie americana, como todo en la vida, pasará tarde o temprano. Y con un poco de suerte, volverá el eje de las cosas a su sitio. Y habrá de nuevo un lado correcto de la historia y otro lado equivocado. Hoy se cumple el primer año del segundo mandato de Trump.

¿Y dónde se meterán, cuando la pesadilla concluya, los que ahora se sienten exultantes y malos, con aires de grandeza? ¿Qué dirán de sus afinidades cavernosas con Trump, con Netanyahu, lo más execrable de la clase política de esta época? Todo se tornará un test y todos ellos habrán quedado retratados. Dentro y fuera de España.

Cuando Franco, cuando Hitler, incluso cuando la caza de brujas (el macartismo), cuando Nixon o Kissinger… muchos fans del yanqui de turno se cambiaron de chaqueta y se prodigaban los chaqueteros, que datan de la reforma luterana del siglo XVI. Ahora pienso en toda esa gente que se identifica a pies juntillas con Trump, habiendo perdonado su asalto a trancas y barrancas al Capitolio y los infames indultos de la turba del hombre disfrazado de bisonte con cuernos y tatuajes y las credenciales de QAnon. Eran la bilis de la ultraderecha que entonces solo estaba aproximándose como un carnaval que ahora se adueña por entero de la realidad americana y amenaza hacerlo en toda Europa. Son los adeptos de los ídolos de esta era. Están al lado de quienes manchan un siglo oscuro de abusos y genocidios.

El gran icono de este desmadre -pasajero- es un hombre que va a cumplir 80 años. Un abuelo cascarrabias, que está de retirada. Y cuando los achaques le depongan por razones biológicas y políticas, los JD Vance y Cia. serán efímeros como un compás de espera. Ahora mismo, el capitán apenas cuenta con un 35% de aprobación en las encuestas. Flatula gases escatológicos por los esfínteres del miedo. Teme que la bala de Epstein no le pase rozando esta vez también, teme a la edad y se excede en exámenes médicos, teme a quedarse dormido, pero las sesiones tediosas lo tumban, teme que todo se acabe en noviembre, en los midterms, cuando se abran las urnas del medio mandato y le aguarde un impeachment al fondo, la puntilla después del estoque. ¿Todo en tan corto plazo? Todo. Y ellos, La clac, ¿qué harán, qué dirán?

Esas vergüenzas al aire llegan, siempre llegan. En el 45 de Europa, en el 75 español… Inexorablemente, llegan. Algunas torres se caen antes de tiempo. Milei, sorprendido con las manos en la masa, viviendo horas de lucidez terminal. En España, la alcaldesa de Madrid, otro de los mitos corrompidos de la posverdad. Ya no habrá Ayuso como hubo Evita Perón. El pulso fantasioso con el sanchismo y las invocaciones a ETA, las amistades peligrosas y un profundo descreimiento sanitario y universitario de lo público erosionan la figura de marfil que Aznar esculpió como Pigmalión y Galatea.

El Vietnam, el Watergate y Trump, los tres traspiés clamorosos de EE.UU. En una carta al primer ministro noruego, el presidente cumpleañero acusa a su país de no haberle dado el Nobel de la Paz, pese a las ocho guerras que alardea de haber acabado, y, en consecuencia, afirma haber dejado de pensar en la paz, para pensar en lo que le conviene a EE.UU., se supone que la guerra. Por eso apunta a Groenlandia pasándose la OTAN por el arco del triunfo. Groenlandia no es el islote de Perejil, por más que se mofe de su defensa como “dos trineos tirados por perros”.

Pero en su primer aniversario y en vísperas del 250º de la independencia del imperio menguante, al Tío Sam se le atraganta Europa. Europa no es Venezuela. Los ocho países conjurados en la defensa de la isla ártica mediante maniobras militares conjuntas (Francia, Reino Unido, Alemania, Noruega, Suecia, Finlandia y Países Bajos, además de Dinamarca) le han hecho frente, contra todo pronóstico, como si le hicieran un Sánchez grupal a Trump. España prevé sumarse a esa ofensiva y no será la única.

Responderán con aranceles a los que les imponga el yanqui por defender a un país de la OTAN como es su deber. Quid pro quo. Por una vez, Europa parece dispuesta a ponerse en su sitio, y avisa que usará medidas de anticoerción contra los intereses de EE.UU. en la UE. Solo Londres tratará de mitigar este choque de trenes -sea dicho con todo el dolor por la tragedia de Córdoba este domingo-.

Asistimos a cámara lenta a las exequias de la OTAN -no es ningún secreto-. A un punto muerto en Ucrania. Al final de la alianza trasatlántica. Y quién sabe si al principio del final de la era Trump, que en noviembre se examina en las urnas. El perro, arrollado por los dos trineos.

Cuando esta distopía pase a mejor vida, quizá más temprano que tarde, comenzará un desfile. El de los vasallos, ya huérfanos del señor feudal. Siempre llega ese turno de la ignominia.