tribuna

El asesinato del dueño de la Casa del Vino

Año 1878. En los altos de El Sauzal, entre los viñedos de las fincas que conformaban la Hacienda de San Simón -hoy reconvertida en la Casa del Vino de Tenerife-, tuvo lugar un crimen que dejó un relato absolutamente impresionante, propicio para una novela negra con trasfondo histórico.

Comenzaba la segunda mitad del siglo XIX cuando Sixto Martín Fernández, uno de los mayores propietarios de la comarca de Acentejo, adquiría la Hacienda San Simón en una subasta. Casado con Petra Fernández del Castillo, otra heredera acaudalada de la zona, Sixto se convirtió en figura central del latifundismo local. Tras su abrupta muerte en 1878, la propiedad fue rebautizada como Viuda y Hermanos de Sixto Martín y pasó a manos de su hijo Álvaro Martín, marcando el inicio de una nueva etapa para la finca y su entorno.

Fue precisamente en uno de aquellos parajes -concretamente en El Hayal- donde ocurrió un suceso que cambió el destino de la familia. Santiago Hernández Luna, joven heredero de la familia de terratenientes más poderosa del vecino pueblo de La Matanza de Acentejo, se encontraba cazando sin permiso en los dominios de don Sixto, de quien era familiar. Montando su caballo, el hacendado sorprendió al joven, le recriminó duramente que estuviese en su propiedad y, en un arrebato, alzó la vara que llevaba para golpearlo. El joven advirtió a su pariente de que estaba armado, pero al cacique le dio igual. El variscazo cayó sobre la cabeza del muchacho y en un acto reflejo le disparó, tirándolo del caballo. Una pequeña cruz de difunto recordó durante décadas el suceso, en el lugar conocido hasta hoy como la Cruz de don Sixto.

Santiago huyó. Las crónicas orales, transmitidas varias generaciones, recordaban que se escondió durante días en unas propiedades familiares, cerca de la iglesia de La Matanza, mientras las autoridades lo buscaban. Pero su familia, influyente como pocas, logró sacarlo del país. Contaban que fue fletado clandestinamente desde El Caletón, un pequeño embarcadero en la costa de Acentejo, oculto en un barco platanero que partía del Puerto de la Cruz con rumbo a Inglaterra. También se aseguró que regresó fugazmente años después para visitar a sus familiares, envuelto en una manta y que se le abrió la puerta de la casona familiar durante una madrugada. Nadie fue juzgado. El simple paso del tiempo lo cubrió todo.

Pero la historia de la finca no termina ahí. Durante el siglo XX, la Hacienda de San Simón pasó por varias manos dentro del linaje familiar: Álvaro Martín y su esposa Otilia Bencomo la dividieron entre sus tres hijos. La parte donde se sitúa hoy la Casa del Vino fue heredada por Otilia Martín Bencomo, casada con el palmero Blas Pérez González, el todopoderoso ministro de la Gobernación de Franco, un importante jurista y catedrático de Derecho Civil que ocupó el cargo entre los años 1942 y 1957, siendo una figura clave en la consolidación del régimen. El dictador, según relatos locales, pasó una noche en la casona en su visita a Tenerife a finales de 1950.

El nombre de Hacienda San Simón, fundada en el siglo XVII por el comerciante sevillano Simón de Herrera Leiva, es un topónimo hagiónimo o inspirado en su santo patrón. Levantó allí bodegas, lagares y una ermita, formando parte de la historia de la transformación del campo tinerfeño, habiendo sido símbolo de poder, de economía vitivinícola y de estructuras sociales rígidas que, como en este caso, estallaban a veces en tragedia.