Iñigo Domínguez dice en El País que si Trump invade Groenlandia Europa no debería ir al mundial de fútbol. El problema es que lo someta a referéndum. Entonces comprobaríamos si el personal prefiere castigar al autócrata americano que dejar de ver los goles de Lamine Yamal en los estadios de EE.UU. No sé yo cuál sería el resultado. Es una forma de responder a la guerra disparando balas de algodón, como si fuéramos a acabar con la violencia a base de no ir a Eurovisión o boicotear unos juegos olímpicos. Alguien dirá qué se chinchen los norteamericanos. Así no verán a las estrellas europeas. Se quedarán sin Mbappé, Lamine y todos los demás y puede ser que hasta sin los astros argentinos y brasileños, si sus países secundan la idea. Hoy no estamos para propuestas de este tipo, cuando España está de luto por el accidente de los trenes en Córdoba. Todos han suspendido sus agendas y han rehusado a la práctica común del ataque descalificador del que nunca se obtiene renta política. Hoy la prensa renueva la técnica de lo que sabemos y no sabemos del asunto. Tanto en El País como en La Vanguardia reproducen esta fórmula, donde se plantea la incógnita de lo que no sabemos. Ese mundo de especulación sin el que el periodismo parece no saber vivir. Cuando se acabe la lamentación ya empezaremos con eso; no les quepa duda. Lo hemos hecho con los incendios, con las danas y con todas las desgracias que se nos presenten. Todo se andará. Si alguien quiere disponer de un eslogan para iniciar los desafueros, recomiendo un cantar cubano que tiene el punto adecuado: “Y dice Manuel García que si no le dan centene va y descarrila los trenes y mata a la policía”. No es el día para las bromas. El ministro Puente ha dicho que le resulta tremendamente extraño. A mí me parece trágico, como todos aquellos acontecimientos que acaban con la vida de personas inocentes y confiadas, ajenas al debate público y que se desplazan tranquilas a sus trabajos, a sus urgencias, a sus encuentros familiares o al disfrute de su tiempo libre. Todos cogieron su tren pensando que iban a llegar a su destino, pero el infortunio truncó su viaje a mitad de camino. La confluencia de no sabemos qué circunstancia hizo que el accidente se produjera justo en el tiempo y el lugar donde se cruzaban. Esto, desde el cálculo probabilístico, no es normal. Los reyes regresaron urgentemente de Atenas, donde habían ido a un entierro. Sánchez suspende su reunión con Feijóo y la asistencia al foro de Davos. La falta de reacciones especulativas o acusadoras por parte de los medios de comunicación es muy positiva, para lo que nos tienen acostumbrados. Lo único que no cuadra es la opinión que propone lo del fútbol. Debería estar escrita y no hubo nadie dispuesto a quitarla dada la gravedad de la catástrofe. Por un momento he pensado que la sensatez ha regresado a nosotros. Lo que lamento es que haya muertos y heridos; vidas truncadas en la esperanza de que sus condiciones mejoren. El silencio y ese titular de lo que sabemos y lo que no sabemos me hace pensar en que estamos cambiando. Quizá estamos aprendiendo que no sirve de nada echarse las víctimas a la cara y usarlas en un interés político inconfesable. Ojalá no me equivoque y todo vaya mejor de lo que ha ido hasta ahora. Ojalá las familias puedan enterrar a sus muertos en paz, sin asistir al espectáculo de la carroña intentando sacar ventaja de la desgracia. Oroza decía que “Los hijos de Juan Ramón Cireda mataron al padre a puñetazos y lo vistieron de payaso. Las hienas lo hubieran devorado, pero la ley tiene un servil descaro y lo metió en el tren de la ternura. Lo unieron al paso de los otros”. Arturo Maccanti lo aprovechó como título para una colección de sus entrañables poemas: El tren de la ternura. Estos dos poetas fueron íntimos amigos míos. Ya no están, pero en su nombre pido que convirtamos nuestra existencia en un viaje en ese tren. Si puede ser
NOTICIAS RELACIONADAS
