Hay años que dan ganas de no levantarse de la cama. En este 2026 Trump ha entrado como un caballo desbocado para parar a China, repartirse el mundo por las bravas (América es mía y lo demás es de todos) y liquidar cualquier vestigio de democracia liberal, incluida la UE. Caen chuzos de punta. Sin renunciar a un centavo de los pingües beneficios que los negocios de su país obtiene en todo el mundo, Trump ha hecho suyo el eslogan del presidente Monroe, “América para los americanos” y pretende mangonear todo el continente y cerrar la puerta a otros países, como afirmó a las pocas horas de apoderarse de Venezuela y su petróleo y secuestrar a Nicolás Maduro violando el derecho internacional, con la ayuda entusiasta de Marco Rubio.
Toma la parte por el todo (EE. UU.detencion por América), pero su país es el 19% del territorio del continente americano. El 80% restante es también América, pero pertenece a otras 34 naciones soberanas reconocidas internacionalmente, miembros de la Organización de Naciones Unidas, más casi una veintena de territorios (entre ellos, Groenlandia) que pertenecen a otros países, y Puerto Rico, territorio arrebatado a España en la guerra de 1898 y hoy estado libre asociado de EEUU. Los 345 millones de estadounidenses no llegan a la tercera parte de la población del continente.
Trump apunta a objetivos preasignados, pero no tiene problema para cambiar de opinión y de diana. Pone el ojo en Groenlandia, Venezuela, Nigeria, Oriente Próximo, Ucrania…que son territorios y países que tienen, ¡qué casualidad!, importantes reservas de hidrocarburos, metales preciosos, otros minerales y tierras raras. Arguye para intervenir supuestas razones de seguridad nacional, frenar el narcotráfico, defender a los cristianos y otras patrañas.
Es un chiflado amoral, pero no actúa solo ni por libre. Lo que llaman Nueva Estrategia de Seguridad Nacional, justificación del estropicio, se lo han servido envasado y sellado los halcones del núcleo duro de la inteligencia profunda de EEUU, con la guardarropía política, económica y militar que Trump necesita para hacer el trabajo sucio a la hegemonía estadounidense, indisociable del complejo industrial militar, Eisenhower dixit, y de los intereses de los nuevos tecno ricos. Trump es un epifenómeno alocado, el defensa leñero que sale a morder en la segunda parte para evitar que los chinos se lleven el partido… porque el inmenso gasto militar estadounidense (895.000 millones de dólares en 2025) mayor que la suma de los diez países que le siguen en el ranking, no ha impedido que China cierre la brecha que le separa de EEUU. En el año 2000 el PIB de China era el 12% del de EEUU y en 2025 fue 65-70%. Esto, parece que piensan en Washington, ya no se frena con la música de la democracia, las reglas y el derecho. Es el tiempo de las tarascadas y el juego sucio, como ha reconocido abiertamente uno de los fontaneros de cabecera de Trump, Stephen Miller, que dice que el mundo se rige por la fuerza. Delenda est democracia.
El atropello perpetrado en Caracas (sueño húmedo del exilio venezolano y cubano de La Florida, donde viven Trump y Rubio), da alas a Putin en Ucrania, aledaños y en el Sahel y a China, principal destinatario del mensaje de “esto es mío”, para actuar cuando y como quiera en Taiwán y otros territorios. Y hay patadas para todos. A los daneses, y la UE solidariamente, no le llega la camisa al cuerpo porque la Casa Blanca ha dicho que no descarta hacerse con Groenlandia con el método empleado en Venezuela.
Hay optimistas que piensan que la pesadilla puede acabar cuando este majadero y engreído presidente se marche a casa, pero es prudente no hacerse ilusiones antes de tiempo porque nos pueden colocar otro “pacificador”. Ganas de no levantarse, decía, pero sirve de poco. Que se lo pregunten a Maduro, que estaba en la cama, escondido con su mujer y su miedo, cuando llegaron los gringos y se lo llevaron p’al carajo a Nueva York, exhibiéndolo como un trofeo de caza mayor. Ahora, perro si come carne de perro.
