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La España negra. Ay

Eran las cuatro de la mañana y no podía dormir. Abrí el ordenata, que es mi pasatiempo nocturno, y se me apareció la voz de don Camilo José Cela hablando de su libro La insólita y gloriosa hazaña del cipote de Archidona. El volumen relata un suceso ocurrido en 1971, vivo el caudillo, en un cine de esa localidad malagueña, mientras se celebraba en el escenario un espectáculo flamenco subido de tono. Una pareja que asistía al acto, contagiada del cachondeo reinante, y aprovechando la oscuridad, se sumió en el entusiasmo y ella le agitó con tal destreza la parte más sensible de su cuerpo que el hombre, un fornido agricultor local de 24 años, se dejó ir en forma de cuchara, es decir -cuenta don Camilo- como remataba Zarra, y puso perdido a un matrimonio que disfrutaba del espectáculo flamenco dos filas más atrás. Don Camilo se entretuvo en calcular peso, volumen y tamaño del cañón, amén de trazar la parábola exacta del surtidor, recomendando a los investigadores la colaboración de un artillero, dado el caso. La autoridad intervino y detuvo a los actores, evaluándose los daños causados a los afectados por el torrente viril en dos mil y pico pesetas para él y mil seiscientas para su esposa, los afectados. El suceso convirtió a Archidona en centro de peregrinación de media España, tal y como ocurrió -por motivos muy diferentes- con la restauración del Ecce Homo de Borja (Zaragoza) por parte de doña Cecilia Giménez, que acaba de morir a los 94 años y que convirtió a un Cristo en un simio, valiéndole a la obra resultante el nombre de Ecce Mono por parte de los cachondos de las redes sociales. No tienen nada que ver los dos sucesos, el del surtidor y el del mono, pero ambos parecen muy propios de la España negra. Ay.