Se llamó Montaña Miseria hasta que alguien le cambió el nombre por otro más propio, el de Montaña del Taoro. El paraje portuense ha permanecido abandonado por la autoridad insular y municipal, desde que unos cuantos inversores se empeñaron en construir un hotel/sanatorio, al que pusieron el mismo nombre de la montaña. Se incendió dos veces; otras dos veces resucitó. Ahora está en marcha un nuevo hotel, al que aún le falta mucha vegetación de interior, pero que ya acoge huéspedes y ofrece sus comodidades, tutelado por la compañía de los Polanco. La zona, por razones obvias, tendría que revalorizarse, pero en el Taoro quedan pocos solares construibles, aunque alguno hay. La colonia británica, que es muy lista, vio su potencial y anidó allí, siglos ha, como un ave rapaz, ávida de territorio. Incluso construyó una iglesia anglicana, que dependía del arzobispado de Gibraltar, miren ustedes por dónde. Como es habitual, la autoridad sigue ignorando uno de los lugares residenciales más exclusivos de la isla, para los humanos y para las ratas, que nadie se ocupa de eliminar. Menos el hotel, claro, allí no entran. El Camino de la Sortija es uno de nuestros paseos más bellos, junto al de las Acacias, en Guamasa. En el primer caso, el circuito peatonal está bordeado por laurisilva y malpaís, dos elementos decorativos naturales de una isla que es un vergel por naturaleza. La autoridad sigue en Babia, la municipal y la insular, que ostentan competencias sobre la zona. Una leve capa de cemento se ha echado sobre la vía central, como ahorrando, mientras el hotel se llena de huéspedes selectos, igual que antaño. Agatha Christie, además de reyes y príncipes, residieron en el establecimiento y admiraron los enormes eucaliptus del entorno, que chupan sin piedad el agua de la montaña. Yo, de niño, enterraba tesoros en el Taoro. Ya no.
