súperconfidencial

Llegó borracho el borracho

Me llama una amiga y me pregunta: “¿Qué vas a hacer hoy?” (por ayer). Le he respondido: “¿En qué día vivimos?”. “Lunes”, me ha contestado. “Pues lo que voy a hacer ahora mismo es meterme en la cama”. Y así lo hice, luego dudé sobre que pudiera ser capaz de contar a ustedes algo de utilidad estando encamado, tapado hasta el cogote con el edredón y huyendo de este frío atroz que a los maduros (con perdón por la poquedad) nos tiene tiritando desde hace ya bastantes días. Pero he aquí que, a través de la ventana de mi dormitorio, escucho a un hombre beodo, gritando como un poseso contra la banca -les recuerdo que tengo enfrente una bonita sucursal de La Caixa-, un cargado tempranero porque a las dos de la tarde no creo que sean horas para que llegue borracho el borracho, pidiendo cinco tequilas, como en la canción de José Alfredo Jiménez. Pues el borracho, que estaba muy borracho, me cortó el lote del sueño programado, porque gritaba cosas tan graciosas que agudicé el oído para escucharlas. Se le veía enterado de los asuntos de la banca porque despotricaba incluso de la renovación de Isidro Fainé como presidente, o lo que sea, de la fundación de la entidad catalana. Era un borracho ilustrado, o al menos muy en sintonía con la realidad económica del país, aunque no citara precisamente la prima de riesgo ni otras menudencias. Me descojoné con el discurso del tipo, que luego empezó a hablar con el cajero parlante situado justo enfrente de mi ventana, que ni por nada le soltaba un euro. Y, claro, me desvelé. Me asomé a la ventana para verle la cara y comprobé que el borracho no era de aquí, sino godo, y que, además, estaba de parranda. Me alegró la duermevela.