súperconfidencial

Prohibido escupir al conductor

La reciente aparición de un libro de artículos de Julio Camba (Fórcola), titulado Se prohíbe hablar con el conductor, me da pie a contar lo que sigue. Ya he devorado el libro, por cierto, en una cuidada edición de Javier Jiménez. En las guaguas rojas de la Exclusiva había siempre dos carteles visibles. Uno, con la bandera española del cangrejo, advertía a los usuarios: “Asiento reservado para los caballeros mutilados de guerra por la Patria”. Y el otro, junto al sillón del chófer, generalmente rezaba: “Se prohíbe hablar con el conductor y escupir”. Utilizo el adverbio generalmente porque, en cierta ocasión, el encargado de grabar la chapa con la leyenda aludida se equivocó y se inventó un aviso que resultó antológico: “Se prohíbe hablar y escupir al conductor”. Hasta que se dieron cuenta, pasó algún tiempo y la leyenda errónea y movediza permaneció meses en las guaguas nuevas, hasta que fue retirada y redactada correctamente. No me pude hacer con una de aquellas plaquitas, celosamente vigiladas por conductores y cobradores de Transportes de Tenerife, S.L., cuyos vehículos me llevaban al colegio de los Salesianos de La Orotava mientras permanecí en él, cursos quinto y sexto de bachillerato. Después fui a cursar Preuniversitario al San Agustín de Los Realejos. Me llevaba al centro y me traía hasta mi casa una guagüita Volvo, muy bonita, del propio colegio, conducida por don Juan, que como estaba gordo y el volante no giraba bien debido a su prominente estómago, se colocaba un paño de polvo sobre la panza para facilitar la maniobra deslizante. Era un hombre serio y bondadoso, que jamás exteriorizaba las calenturas que le hacíamos coger los gamberros a los que llevaba y traía. Contar estas anécdotas de la infancia de uno es muy entretenido y recurrente: sólo he tardado 10 minutos en traerlas al puto folio.