Queridos Reyes Magos de Oriente: a mi edad, y aunque resulte vergonzoso reconocerlo, no pierdo la ilusión de que ustedes se enrollen, y, como vengo pidiendo desde 1965 (que hasta vergüenza debería de darles), me echen un Scalextric. Saben, Majestades, que me estoy portando muy bien, y que ahora, sin escalas en bares o “discotecas”, voy de casa al ambulatorio y del ambulatorio a casa.
En primer lugar, debo reiterarles que aquí algunos iluminados van regando que ustedes no existen; que ustedes son apenitas una ciencia oculta y unos seres imaginables; que ustedes representan la inquisición infantil, juvenil, regional o máster, porque nos vigilan todo el año; que la estrella de oriente no es más que una cerveza de lúpulo natural; que la mula y el buey se fugaron del portal, los pillaron y han sido comidos con papas fritas en un guachinche de Belén; que los pajes ya no son delicados ayudantes sino intrépidos espías de Oriente; que las cabalgatas se convirtieron en viajes del Imserso; que, tras sustituir a Santa Claus por exigencias feministas, Mamá Nöel ha colocado a los renos y a los elfos en un ambicioso 4-3-3 y les está ganando por goleada; que antes regalaban oro, incienso y mirra, dicen, y ahora regalan una mierda pinchada en un palo; que ustedes no son ustedes sino que ustedes son los padres; y que los camellos mejor cambiemos de tema. No es nuevo, Majestades: la peña es muy jablantina.
En esta carta, que daré al primer paje que vea en la barra de un bar por muy KGB o CIA que me parezca, está la constancia absoluta de que sigo creyendo en ustedes. Fíjense si soy paciente y fiel, oh, queridas Majestades, que, desde niño y para siempre, soy seguidor del Club Deportivo Tenerife. Y sueño durante estos días que el próximo 6 de enero me pegaré tremendo madrugón de jubileta, huyendo del riesgo del acurruque a eso de las once, iré al recibidor, y veré, al fin, mi puto Scalextric.
Les perdono, con absoluto rencor, lo que dejaron en mis zapatitos durante estos años: aquel infame acordeón verde que mi hermana Carmen Tere me pidió prestado, y, a resultas de mi negativa tajante, arrebató de mis manos y estalló como un triqui-traque contra el piso, dejando las cajas armónicas despedazadas, y el fuelle convertido, a pisotones, en un folio lleno de hollín; aquel mapamundi que llegó misteriosamente cuadrado a mi casa; aquel Geyperman legionario comiendo felizmente, para indignación de los novios de la muerte, tremendo plato de “carne cabra”; aquel Cinexin Disney en el que -dándole a la manivela precisamente- me mostraba la imagen de Goofy dándose tremendo lote con Campanilla (punto de inflexión en mi niñez); o aquella pistola de agua en la que, desde mi vejiga e inocente de mí, introduje la micción generada por una sobredosis de Mirinda, chingué a familiares e invitados, y, al parecer, acabé con la magia de Reyes en un bello hogar chasnero por la vía del KO.
Actualizo mi carta, Majestades, y les pido más, porque, al parecer, el que no llora no mama, y para compensar estas décadas de sufrimiento, les exijo el pago de una indemnización. En uno de mis zapatitos, en fin, les conmino a que adjunten dos cositas: un cartón de huevos de “a” doce; no cualesquiera huevos, sino huevos Dubai, que son los huevos de moda digan los que digan los machotes que graban las pelis en la calle del Castillo; y, naturalmente, 1 baliza V16 homologada con geolocalización, help flash y música de Pepe Benavente.
Me dirijo a ustedes, entrañables Reyes Magos, aunque sé que -en el tiempo presente- tienen ustedes alternativa y dura competencia de los Reyes Pijos; reyes raros, donde los haya o hubiere, porque -a diferencia- regalan de menor a mayor, y así, al que llaman “campechano”, monarca ya jubilado hace unos años, con síndrome de Peter Pan y varoncito, le han permitido se autorregale, con orgullo y satisfacción, varias “barbies”, un mogollón de “nancys” y hasta un par de “chochonas” (todas ellas de carne y hueso). El muy sinvergüenza.
Recurro un año más a ustedes, queridos Reyes Magos, con mi petición ancestral, porque, con mi pensión, ya no me da para la “Paliza 16 V”, y, ni siquiera, para medio Scalextric.
Enróllense, Majestades.

