tribuna

Soy transtemporal

Dice Rosa Montero que ha descubierto su transtemporalidad. Que el día 3 cumplió 75 años y sigue sintiéndose joven. Esto nos pasa a muchos. Yo cumpliré 84 dentro de 3 meses y me ocurre lo mismo. Sin embargo, creo que no se trata de sentirte joven porque cada día noto más que los jóvenes no piensan como yo. Hay un desfase en todo esto que nos hace estar plenos y desfasados a la vez, porque el tiempo, aunque no lo creamos, actúa de una manera asintomática, como esos asesinos silenciosos con los que los expertos nos meten miedo a cada momento. Ayer leí que el calentamiento global también se presenta de esta manera imperceptible.


Esto se dice cuando nos ataca el frío y alguien inocentemente pregunta por el clima. La respuesta es esa: las cosas suceden sin que nos demos cuenta, como los años que cumple Rosa Montero o mi viaje inevitable hacia la artrosis. Telefoneé a un amigo que tiene unos pocos años más que yo y comprobé que no andaba bien de memoria. Vive en ese despiste feliz de los viejos que acaba por engañarnos a todos. La vida es una carrera hacia la madurez, pero a veces fallan las bujías y el tubo de escape empieza a petardear de forma alarmante, como hacen los coches con una combustión defectuosa. Es una avería irrecuperable, pero el motor continúa estando en buenas condiciones. La verdad es que nunca se me hubiera ocurrido imaginarme integrado en algunas de las clasificaciones trans, aunque solo se refiera al paso del calendario. No se debe admitir que se trata de un desajuste. Un desajuste es lo otro: aceptar que somos víctimas de una oxidación y de un deterioro que afecta a nuestro cerebro.


Con eso lo único que conseguimos es abrirle la puerta al edadismo y conformarnos con una jubilación, o una cancelación, que no tiene porqué producirse. He escuchado que el mejor antídoto contra la soledad, o la melancolía que provoca la incapacidad, es el banco de una plaza donde se comparte la vetustez con los iguales. Hasta en esto se forman grupos sociales. En realidad, Rosa Montero lo que hace es sorprenderse por verse activa aunque esto se contradiga con la muerte celular y las arrugas de su piel. Otra buena terapia es jugar al dominó, pero esto se parece mucho a ese conformismo del hombre del casino provinciano que retrataba Antonio Machado, que se perfuma cada mañana para doblarse al seis, en contraposición con el del torpe aliño indumentario. Yo lo resuelvo escribiendo cosas como estas. Quizá alguien las lea y le ayuden, pero con quien primero lo hacen es conmigo mismo.

A Rosa Montero le digo que 75 años no es nada, que todavía le quedan otros 20 para llegar a los 95, y esos son menos que nada, según dice el tango de Gardel. Siempre habrá tiempo para volver, y no es transtemporalidad ni nada que se le parezca.