tribuna

Abascal tiene un problema

El problema se llama Javier Ortega Smith, uno de los fundadores de las siglas del partido de extrema derecha que ahora quieren echar a la calle; otro más. De la foto inicial de la dirección se han caído todos menos Abascal e Ignacio Garriga. ¿Quién se acuerda ya de Macarena Olona, o de Ivan Espinosa de los Monteros e incluso de su mujer, Roció Monasterio? Abascal no admite discrepancias y marca con mano de hierro la disciplina interna. Da igual que los principios ideológicos se mantengan incólumes, como es el caso de Ortega Smith, la obediencia es lo primero. Los que fueron expulsados antes lo hicieron discretamente, protestando lo justo y defendiendo su buen nombre. Pero Ortega, el más bravío, está dispuesto a liarla. Ha sido expulsado del partido porque se negó a dejar la portavocia en el Ayuntamiento de Madrid. Lo curioso es que el grupo de Vox en el consistorio madrileño está compuesto por cinco concejales, y dos están a favor de la reprobación. Por eso Ortega no acató la orden de Abascal. En contra, está la que iba a sustituirle en la portavocia, Arantxa Cabello. Desde el Comité Ejecutivo, es decir, la corte del líder, ya se ha advertido de que, quienes secunden a Ortega, correrán su misma suerte. El secretario general de Vox, Garriga, sin saber cómo hacerse obedecer, ha requerido al alcalde, Martínez Almeida, para que ponga en práctica los cambios del grupo. A esto, el requerido ha contestado diciendo que no es una prerrogativa del Ayuntamiento de Madrid. Pero es que el ahora expulsado es un hombre con un fuerte carácter que ya ha advertido que no piensa tirar la toalla, que “no se merece lo que está sufriendo” y que va a pelear dentro del partido e incluso recurrir a la justicia ordinaria. Y todo esto a las puertas de la cita electoral en Castilla y León, comunidad a la que ya se ha desplazado Abascal para seguir la estrategia preelectoral de Extremadura y Aragón. Según las encuestas, entre ellas el CIS (que ha perdido credibilidad por Tezanos), no auguran otro crecimiento. Las guerras internas llegan a la opinión pública.

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