Delcy Rodríguez anuncia una amnistía para todos los presos políticos en Venezuela. Es el principio de una transición como la que tuvimos en España en 1977. Se hace desde dentro y con la voluntad de devolver al pueblo las garantías democráticas. Después vendrán las reformas estructurales y unas elecciones libres. Quien no entienda que esto debe ser así es que no entiende nada. Venezuela se quitará de encima una dictadura, una lacra que sufre por más de un cuarto de siglo, a pesar de que muchos la bendicen como un modelo de libertad y de progreso. Hoy leo a un psicólogo afirmando que uno no se enamora de cualquiera, que es difícil hacerlo y cuesta trabajo mantenerlo.
En política ocurre igual y lo que parecía que iba a ser para toda la vida acaba resquebrajándose si no le prestas la atención y el cuidado necesarios. Hace unos días escuché que escribir en las redes entraña cierto riesgo físico y esto me inquietó. ¿Cómo se puede pensar que el mostrar tu opinión libremente puede resultar peligroso? Sin embargo, algo de esto hay y me preocupa. Ana Iris Simón escribe un estupendo artículo en El País donde dice que Julián, en El Ministerio del tiempo, advierte a Federico García Lorca de que no vuelva a Granada porque allí lo van a matar.
El texto no va sobre inseguridades pero lo aprovecho para transmitir una sensación de deterioro en esas relaciones que inauguramos hace cerca de 50 años y hoy parecen hechas pedazos. Como decía el psicólogo no nos enamoramos de cualquiera, y en el caso de hacerlo se observa una gran fragilidad en algo que no suele durar toda la vida, aunque nos gustaría que así fuera. Quizá yo pueda enternecerme con los mismos ojos y la misma piel y considerarme afortunado, de la misma forma que sigo creyendo en las cosas que creía hace tantos años.
Recuerdo a José Agustín Goytisolo cuando dice: “Tú no puedes volver atrás porque la vida ya te empuja como un aullido interminable”. Sin embargo queda la esperanza: “Entonces siempre acuérdate de lo que un día yo escribí pensando en ti como ahora pienso”. A estas “Palabras para Julia” les puso música Paco Ibáñez y hace poco las cantó Rosalía. Por eso creo que no todo está perdido mientras alguien venga a ofrecer su corazón. El artículo de Ana Iris va sobre el fascismo del antifascismo y la postura intransigente de David Uclés para convertirse en el látigo que aparentemente no flagela, pero que anuncia goterones de sangre en las espaldas del buen entendimiento.
No voy a profundizar sobre este asunto porque molestaría la sensibilidad de mucha gente. Sobre todo de algunos que cabalgan a lomos de una idea polarizada para retornar a tiempos no deseados. Por eso celebro la amnistía de Venezuela y me pregunto para cuándo vamos a renovar la nuestra, para cuándo volver al diálogo y así mantener el enamoramiento con lo que teníamos. Qué clase de inspiración le vamos a dar a los venezolanos si les decimos que su transición, como la nuestra, a la larga no va a servir para nada.
