Por primera vez, el Casino de los Caballeros está presidido por una mujer, Beatriz Barrera. Luego ahora habría que llamarlo coloquialmente de otra manera. Hoy puedo entrar con mi perrita al edificio y los fumadores ir a suicidarse al Salón Churchill. Miguel Cabrera dejó una tesorería saneada y el relevo reglamentario se produjo sin incidentes, con una merecida recompensa para un anterior mandatario, el doctor Pipo Muiños, querido amigo y excelente persona. Ah, y fue restaurado, gracias a Cajasiete y a la Mutua Tinerfeña, el Friso Isleño, de José Aguiar. Me parece que transitaba por aquel mural una señora en tetas, a la que hubo que añadirle un chal por petición de fray Albino, el obispo que salió pitando para Córdoba, cagado de miedo, con los primeros tiros de la guerra incivil. Salimos ganando porque aquí se quedó, siendo deán y luego prelado, mi admirado don Domingo (Pérez Cáceres), un clérigo liberal que fue el mejor en la historia de los breves tiempos de esta diócesis. Fíjense si ha cambiado el Real Casino que antañazo se les prohibía la entrada como socios a gentes de otras razas. La primera familia hindú que accedió fueron los Bharwani, los fundadores de Maya, porque el doctor Domingo Febles, otra excelente persona y buen presidente, apoyó la propuesta que presentamos, entre otros, Miguel Zerolo y un servidor. Bueno, pues se ha producido el tránsito, con un atinado discurso de Miguel Cabrera Pérez-Camacho y una intervención que ilusiona de Beatriz, que entre otras actividades que desarrolla en sus ratos libres está la del boxeo. Como te meta un uppercut cruzado, te tumba como un cochino. Además, no hay nada como ir a mear al renovado váter del Real Casino en Carnavales. Pura higiene y no la de estar castigando a los laureles de Indias.
NOTICIAS RELACIONADAS
