por qué no me callo

Europa, amor con amor se paga

Hace 40 años, Canarias se incorporó a la Unión Europea. 490 años antes se había incorporado a la Corona de Castilla, no sin que mediaran cien años de guerra. Así hemos ido dando saltos en la historia, hasta este momento en que empezamos a librar una batalla existencial con Bruselas, con Europa, que nos transporta a los orígenes de un idilio accidentado con la UE. Ahora vienen mal dadas.


El conflicto de las ayudas europeas a las regiones ultraperiféricas (RUP), cuestionado por Ursula von der Leyen, en medio de las tensiones con Estados Unidos y el rearme frente a Rusia, coincide con las movilizaciones por el acuerdo con Mercosur. En paralelo, está en juego el porvenir de los fondos agrícolas, ganaderos, pesqueros y las inversiones en infraestructura, que habían hecho de nuestra integración en Europa una historia de éxito.


Y es así como empiezan los grandes desencuentros. De tal modo que cabe prever que las RUP peligren si no se zanja cuantos antes este escollo y el ‘maná’ de Europa continúa fluyendo como hasta ahora de Bruselas a las islas, sin el peaje de los Estados. La CE pretende que los gobiernos reciban los fondos y España los reparta entre las CC.AA., Canarias como una más. El cheque insular perderá su razón de ser y las islas retrocederán a 1986, cuando entraron en Europa, hace cuatro décadas. El kilómetro cero. Un cumpleaños sin pena ni gloria.


Las fichas financieras, congeladas durante años, requieren, a su vez, ser actualizadas. España (Canarias), Portugal (Azores y Madeira) y Francia (sus departamentos de ultramar), los tres Estados europeos con RUP, tienen de plazo hasta marzo, fecha de la próxima cumbre europea. De lo contrario, habemus casus belli.
En 1988, con una España novata en la entonces CEE, Felipe González blandía junto a Margaret Thatcher el derecho de veto en una cumbre en Bruselas. La Comisión de Jacques Delors se resistía a duplicar los fondos estructurales, las ayudas que las regiones menos desarrolladas (‘objetivo 1’) como Canarias necesitaban como agua de mayo. González se salió con la suya, y en la cumbre de Edimburgo de 1992, al tiempo que se duplicó la financiación regional, se creaba el Fondo de Cohesión, que modernizó España con infraestructuras caídas del cielo.


Hubo humo blanco, y ahora, cuando se cumplen 40 años de la adhesión a Europa (Canarias entró con un protocolo especial deferente para proteger nuestro REF), volvemos a las andadas. Hay problemas de financiación para las ayudas regionales en los presupuestos europeos de 2028-2034. Las RUP dejarán de percibir directamente el dinero, que pasará a los bolsillos del Estado, y las Islas competirán en una suerte de ‘rebatiña’ entre todas las autonomías. Este contencioso ha sido debatido en unas jornadas del Consejo Canario del Movimiento Europeo, en el Parlamento canario, cámara que, por suerte, cierra filas ante este desafío. En tiempos, teníamos en las disputas intraeuropeas buenos amigos en Bruselas como Giuseppe Ciavarini Azzi, al frente del Grupo Interservicios, que era mano de santo. Volvemos a necesitar intercesores que desbrocen el camino.


Las islas son un lujo del continente al que pertenecen, decía Bertrand Russell. Regatear con ellas -tras el precedente colosal de Groenlandia-, no habla bien de Europa, que les debe el hecho de ser el mayor espacio marítimo del mundo. El historiador Marcello Carmagnani, en ‘Las islas del lujo’, acredita cómo la agricultura insular dotó de cultura económica a Europa desde el siglo XVII. Canarias, una potencia turística y regional europea -la RUP más poblada y de mayor economía-, es querida y olvidada a la vez en Bruselas, que nos acunó y acuñó como RUP en los tratados, que ya quisieran vascos y catalanes, pero los líderes europeos continentales no se rozan por aquí, no viajan a El Hierro, el extremo suroeste de la UE en el Atlántico. Von der Leyen no ha venido, como sí lo hizo Humbdolt, su compatriota.


Ser región ultraperiférica no se ganó en una tómbola. Ni el mítico artículo 299.2 del Tratado de Amsterdam cayó del árbol como fruta madura. 25 años de las RUP era un logro que los canarios habíamos dado por sentado y ahora vienen curvas. Nos equivocamos.


Sánchez, con derecho a veto como González en los 80, envió una carta de adhesión al presidente canario. Clavijo sostiene que, si desaparece el Posei -antídoto de la lejanía y la insularidad-, Europa estaría expulsando a los canarios. Cuando Alemania, en el ‘austericidio’ de la Gran Recesión, amenazó con echar a Grecia de la UE, Günter Grass, el Nobel alemán, que solía visitar a su hijo en La Palma, saltó como un basilisco con un poema titulado ‘La vergüenza de Europa’, por querer arrancarse el alma. Cuesta poco imaginar al fallecido autor de ‘El tambor de hojalata’ recitando ahora en La Palma su poema sustituyendo Grecia por Canarias.