Cultura le ha editado su obra completa a Carlos Gaviño de Franchy, que era un poeta radical y singular, con influencia surrealista. Y un buen amigo. El prólogo, atinado, es de Elsa López, escritora palmera, que es como Juanito Cruz, pero en versión isla bonita, porque está en todas partes. Carlos Gaviño tenía una vena crítica absoluta y rotunda y escribía raro, pero escribía bien, porque ahora está de moda escribir raro, aunque se escriba bien. Si yo fuera un trovador de los tiempos de Franco, de cuando Pacolín presentaba las galas en el Teatro Topham de smoking riguroso, aplicaría la lírica cursi a la crítica del poemario de Gaviño y diría que está primorosamente enjaezado; pero no pega, así que diré que está muy bien editado, pero sobre todo diría que la obra de creación -escasa- de Carlos es muy buena. Da gusto leerla. Yo soy de los que creo que los premios Canarias deberían concederlos una vez al mes, para así tenerlos contentos a todos, yo incluido, pero no, los premios Canarias se dan cuando se tienen que dar y, sobre todo, deberían concederse cuando el poeta o el escritor o el periodista/pobre tengan falta de perras. En este último caso, es casi siempre. Ni Carlos ni yo somos premios Canarias, o eso creo, pero este libro queda como testimonio de un escritor desapercibido, porque Gaviño con lo que más se entretenía era con la edición de antiguallas -un maestro-, aunque Di mi nombre y viviré contiene sus retorcimientos y sus ironías, que eran muchas, graciosas y en muchas ocasiones brillantes. Yo como crítico soy un desastre, ya lo habrán notado. Ello no quita para celebrar la salida a la luz nueva (ya tenían luz de gas) de este poemario de tirada limitada, con galones de obra completa, aunque Gaviño esconda otras cosas en algún cajón.
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