Mi pasión por el fútbol, por el odio al FC Barcelona y mi amor por el Real Madrid van a quedar aparcados, para preservar mi salud. He llevado estos sentimientos demasiado lejos y creo que me están dañando gravemente, así que voy a darme de baja del fútbol de Movistar, que además es carísimo, y en vez de permanecer en un sillón como un papanatas, sin hacer ejercicio, viendo los partidos, voy a echarme a la calle a caminar en el horario de Liga y Champions. Seguramente dormiré mejor a partir de entonces, porque, además, la melatonina me está provocando pesadillas y esto me lo había anunciado ya el doctor Antonio García-Cáceres, que me aconsejó que suspendiera su administración. La melatonina y mi anti barcelonismo de toda la vida, junto a los últimos churros y carambolas de los propios culés, me habían producido zozobra y desazón, así que cambiaré mis hábitos y me daré más importancia a mí mismo que al Real Madrid, integrado por una suerte de paquetes, incapaces de ganar a los equipos más malos del mundo. O sea, que la decisión está tomada, no hay marcha atrás y Movistar perderá un cliente de más de 200 euros al mes. Me lo gastaré en el supermercado y así compensaré el aumento de la cesta de la compra. Todo tiene un límite y mi capacidad de aguante ha tocado fondo, con Arbeloa, sin Arbeloa y gracias a la visión sobre el campo de los zombis del Real Madrid, que se ha convertido, en poco tiempo, en irreal del todo. Así que se acabó. Algunos me llamarán desertor, pero me da igual, porque uno debe velar por sí mismo, que gana una pensión miserable y no por los millonarios que, sobre el campo, no hacen más que darme disgustos y que reírse de la afición. Se acabó.
