Con el título del artículo no me refiero a la turistificación creciente de nuestra fiesta y al aluvión de visitantes que hacen que estos últimos años uno de los asuntos más comentados sea la sensación de que va perdiéndose el carácter local de nuestros Carnavales; siempre han sido masivos, sí, claro, nadie lo pone en duda, pero no habían dejado de ser una fiesta nuestra, con una forma muy especial y divertida de entenderla, con mucha interacción social y un humor característico que, como otras muchas cosas, conforman nuestra identidad como pueblo.
Ahora, las aerolíneas anuncian vuelos de refuerzo, los políticos de turno sacan pecho de que vamos a “disfrutar” de un millón de visitantes y por momentos uno tiene la sensación de estar en un festival o fiesta cualquiera a miles de kilómetros de aquí, pero con un disfraz puesto. Supongo que serán efectos colaterales de vivir en el paraíso…
Pero no venía a hablar sobre nuestro Carnaval, quería reflexionar públicamente sobre debates, marcos y mantras importados. El baile de máscaras de otras latitudes metido en Canarias con calzador. Elección tras elección, las redes, los medios y las conversaciones parecieran inundarse de desahogos, anhelos o exabruptos referentes al ascenso de la extrema derecha a nivel internacional, estatal o local. Los lamentos van acompañados de análisis en caliente y de mandatos sobre qué tienen que hacer los demás para evitar la catástrofe. La mayoría de ellos están hechos con buena intención, la mayoría sí, pero no todos, ojito con eso.
También hay una parte importante de coartadas para sustituir la autocrítica —ese animal mitológico— y de intenciones personales o partidistas para colocar las ideas que mejor convengan haciéndolas pasar por debates honestos.
Vamos a dejar de hacernos trampas al solitario, fijarnos en los hechos e intentar resumir la situación lo más sintéticamente posible. Como tónica general, en los últimos procesos electorales la ultraderecha se dispara, el PP y el PSOE salen trasquilados en mayor o menor medida, la izquierda estatal prácticamente desaparece y las fuerzas soberanistas con arraigo en el territorio aumentan apoyo popular y electoral.
Para que crezca la ultraderecha hay inyecciones de dinero millonarias y control de las redes sociales y los medios. No me cabe duda, no me chupo el dedo. No es que controlen el mensaje en las redes y gran parte de los medios, es que son de ellos directamente. Pero eso ya lo sabemos y siento poner el dedo en la llaga: no lo explica todo.
A ver si va a resultar que la gente no le tiene miedo a la ultraderecha, a ver si va a resultar que el miedo real, el hegemónico en gran parte de la sociedad, es lo que va a pasar mañana.
¿Tendré para pagar el alquiler el mes que viene?, ¿y la hipoteca?, ¿Encontraré un curro que me permita llegar a fin de mes y poder descansar un par de días a la semana?, ¿Podré independizarme algún día?, ¿Seguirán subiendo los precios del supermercado?, ¿Qué va a pasar cuando haya una crisis del sector turístico?, ¿Habrá pensiones cuando me jubile?, ¿Es imposible tener chiquillos?, ¿Crecerán en un lugar seguro y podré darles de comer y un techo?. Sinceramente, creo que la incertidumbre, la inseguridad sobre qué va a pasar mañana es lo que realmente da miedo y lo que explica en buena medida los resultados electorales.
Si tras varios años de gobiernos autodenominados “progresistas” mucha gente se sigue haciendo esas preguntas, es obvio quienes son los responsables. Y ahora, con muy poquitos escrúpulos cuando ven que la suma ya no da, llenan titulares hablando de la unidad y de lo importante que es para frenar las políticas de odio.
Prometieron cambio, regeneración, respeto plurinacional y dique democrático frente a la ultraderecha. ¿Su legado? Pérdida de poder adquisitivo generalizada de la clase trabajadora, corrupción y omertá vergonzosa, centralismo aplastante y decenas de miles de votos más a los franquistas. Perfecto. Pero la culpa es de los demás, claro.
Y esto aplica tanto a nivel estatal como canario. El modelo económico que depreda el territorio y condena a la población canaria a ansiolíticos para llegar a fin de mes se mantuvo intacto con el Gobierno “progresista” y se sigue manteniendo con el actual.
Equivocarse es legítimo, por supuesto que lo es. Pero cuando no son “errores”, cuando no se asume responsabilidad ninguna y se dispara a los demás, se pierde toda credibilidad y cualquier capacidad de construir algo honesto.
El camino que estamos recorriendo no tiene atajos. Los cantos de sirena de Madrid o Barcelona siempre terminan igual y en esto tendrán que admitir que nadie nos puede acusar de no haberlo intentado hasta la extenuación, al contrario, hay quien nos acusa de haberlo intentado. Cosas de la política y de la exposición pública. Pero cuando uno cree firmemente en lo que hace y recorre el camino con gente talentosa y trabajadora, es más fácil avanzar y crecer.
Desde que existe Drago Canarias, nos han acusado de todo, nos han responsabilizado de todo y tengo la certeza de que en el fondo no responde a competitividad, a egos o inquinas como muchos análisis hacen creer. Tiene que ver con una convicción profunda tanto a izquierda como a derecha y obviamente también desde el poder económico, de que Canarias no es merecedora de tener una fuerza de obediencia canaria, de gente joven de todas islas, que se organice de manera confederal sin dirigirla desde Santa Cruz de Tenerife o Las Palmas, que hable de tú a tú con todo el mundo y que plantee sin rodeos que el modelo económico actual es insostenible y pone en riesgo nuestro futuro. Y todo ello sin tutelas.
Estoy convencido que ese es el motivo, no tengo dudas. Desde el complejo o desde el interés, unas y otros piensan que está muy bien que gallegas, vascos, catalanes o valencianas tengan posibilidad de votar a fuerzas que toman las decisiones en su tierra pensando en su tierra. Pero Canarias no, porque no damos la talla, necesitamos que decidan por nosotros. No lo verbalizan, pero lo piensan y actúan en consecuencia.
Por eso los debates de la unidad son importados, por eso es un baile de máscaras que pretende hacernos creer que es nuestra fiesta, por eso las iniciativas que presentamos en el Congreso están cogiendo polvo en una gaveta de la izquierda estatal, por eso el Gobierno de España, con Pedro Sánchez a la cabeza, reparte 450 euros por habitante con la financiación autonómica y a los canarios y canarias nos tocan 280. Claro, porque no merecemos más. Por eso ese mismo gobierno condena a nuestras islas a ser una cárcel para migrantes.
Cada vez es más evidente para más gente que la mejor garantía de aspirar a mejoras y cambios tanto en el BOE como en el BOC es tener fuerzas de obediencia canaria con la mayor representación posible. En otras partes del Estado se ve con claridad en los últimos procesos electorales, en 2023 se vió a pesar de la diferencia abismal de recursos entre Drago Canarias y el resto de los partidos y a buen seguro se verá en 2027, donde mejoraremos ampliamente nuestros primeros resultados y obtendremos representación a todos los niveles, desde lo local a lo estatal.
Queda todavía un largo camino por recorrer, las prisas son malas consejeras y responden claramente a intereses foráneos y a apuros de a quienes se les desconcha el suelo bajo los pies. Nosotras y nosotros seguimos al pasito, municipio a municipio, isla a isla, arraigando al territorio la posibilidad de que el pueblo canario pueda elegir en libertad fuerzas de obediencia canaria que crean que el modelo puede y debe cambiar.
Es un objetivo legítimo, nos cuesta sangre, sudor y lágrimas, no lo vamos a negar, pero nos da muchísimo orgullo estar recorrido este camino. Desde la profunda querencia que para acordar y para hacer, es condición indispensable ser.
*Concejal de Drago Verdes Canarias en La Laguna
