tribuna

Cayó un drago, pero no el que algunos desean

Apesar de lo que muchas puedan creer, que para ello bien que se han gastado ríos de tinta digital, se me dan muy mal las autorreferencias y el proselitismo; no me gustan y me encantaría no tener que usarlas. Por supuesto, aquí viene el pero. No me gustan, peeeeeero, hace mucho tiempo que tengo claro que hay que hacerlo. Hay una máxima aprendida del movimiento feminista que es una verdad como una catedral: lo que no se cuenta, lo que no se nombra, no existe. Y hay pocas más sagradas que el derecho a la propia existencia, el derecho a ser y a poder intervenir en todo lo que te rodea.
Ahora explico el porqué de esta introducción al artículo. Voy con contexto. Corría el año 2022.
Gobierno autodenominado “progresista” generando amplia desafección en la población canaria en general y más si cabe aún en la gente les votó. Vivienda por las nubes, turistificación sin control, destrucción del territorio y cesta de la compra cada más cara, con salarios perdiendo poder adquisitivo día sí y día también. Frustración de expectativas y desafección que se producía sin que todavía conociéramos quién era Tito Berni, mediadores, Valkas y compañía. Casi nada. La corrupción como guinda de un pastel agrio que la población canaria ni quería ni merecía comerse.
Mientras, lo que podemos denominar como la nueva cultura canaria explotaba sin complejos, desde la autoestima, la perspectiva autocentrada —Canarias como centro desde donde crear— y el talento. Una nueva generación, no desde el plano biológico, sino cultural e histórico, que demostraba el peso real que tiene el Archipiélago y lo que somos capaces de hacer sin necesidad de tutela externa. Desde la música, la literatura, la pintura, el humor, la divulgación, la academia, etc. Cosechando éxitos y reconocimiento dentro y fuera de las islas.
Simultáneamente, surgían focos de lucha obrera en diferentes puntos del Archipiélago y el movimiento ecologista iba sumando simpatías confrontando los diferentes desmanes ambientales en curso en las islas.
En ese contexto, un grupo de gente joven de diferentes islas, procedente de diversas luchas colectivas y experiencias vitales deciden, decidimos, dar un paso al frente y probar una locura.
¿Hay posibilidad en Canarias de tener un espacio político que demande más soberanías en todos los ámbitos, que proponga sin miedo el decrecimiento planificado del todopoderoso turismo de masas, que se organice de manera confederal, esto es, sin que ninguna isla pueda imponer sus decisiones a otra y que esté formado y dirigido por gente joven?
En 2022 creíamos que sí, en 2023 el pueblo canario lo corroboró democráticamente y en 2027 vamos a formar parte de una nueva configuración social, política y electoral en nuestro país que viene para quedarse. No fuimos las primeras, ni lo creemos ni lo pretendemos. Al contrario, bebimos y bebemos de las experiencias de nuestro pasado reciente como pueblo, de todos los aciertos y los errores cometidos hasta llegar hasta hoy.
Con el permiso de ustedes, me voy a detener en la última frase de la pregunta anterior: “formado y dirigido por gente joven”. No hay nada que suene más a cliché manido que eso. La diferencia, abismal, entre Drago Canarias y el resto del panorama político del país es precisamente que nosotras no lo decimos, lo hacemos y lo demostramos.
Resulta que somos de una tierra en la cual el hecho colonial y siglos de monocultivo impuesto y extractivismo nos condenaron a un subdesarrollo estructural que explica en buena parte nuestra posición a la cola de la mayoría de los índices de calidad de vida y bienestar del Estado en la actualidad. Subdesarrollo estructural tampoco es una frase hecha que quede bien citar, es una realidad sangrante, que provocó, entre otras cosas, unas tasas de analfabetismo hasta hace unas pocas décadas que no podemos ni debemos olvidar nunca.
La generación de nuestras abuelas y abuelos se las vieron y se las desearon para que funcionara eso que llamaron el ascensor social del estado del bienestar. Obviamente, el bienestar ni lo olieron la mayor parte de sus vidas y el ascensor funcionó engrasado con su sudor, sus espaldas doblabas y sus manos llenas de callos. Y así es como llegamos a la generación de canarios y canarias más formada de la historia. Presentes y hegemónicos claramente en el ámbito de la cultura. como ya dijimos, también pujantes en la academia, en la investigación, en el deporte, en los servicios públicos, incluso en muchos proyectos económicos y de emprendimiento… Gente joven empujando y aportando de igual a igual en todos los ámbitos, menos en uno. ¿Adivinan cuál?.
Efectivamente, la política canaria vive ajena a esta realidad —y a muchas otras también, por desgracia—. Ya no hablamos solo de caras y narrativa nueva, que también, sino de posiciones reales de toma de decisiones y de poder en un ámbito que marca las vidas de 2,2 millones de almas. Hay quien intenta disimular usando determinados perfiles jóvenes en un ejemplo bastante obsceno de tokenismo mientras por detrás los hilos los siguen manejando los mismos dinosaurios que llevan haciéndolo 30, 35 o 40 años.
También nos encontramos casos de envejecimiento político acelerado mediante corrupción, omertás, transfuguismos y demás lindezas. Pero más allá de esos pequeños ejemplos, la realidad es que de la política mainstream, donde se corta el bacalao realmente a nivel institucional, generaciones enteras de canarios y canarias están excluidas por la vía de los hechos. La fecha de tu cumpleaños marca tus posibilidades de hacer política en esta tierra.
Por eso Drago Canarias crece, por eso se configuró como la fuerza extraparlamentaria más votada del Archipiélago en apenas unos meses de existencia con una diferencia abismal de presupuesto y por eso supone el único soplo confederal de aire fresco en un panorama desolador.
Cayó el drago centenario de Los Realejos, a muchas se nos partió el alma, pero algunos tuvieron una alegría momentánea cuando leyeron las palabras caer y drago en el mismo titular. Desgraciadamente para ellos y afortunadamente para gran cantidad de gente, su ilusión fue pasajera, solo un espejismo.
Canarias merece muchas cosas y una de ellas es que, quienes han llevado el volante de este país durante décadas rumbo al barranco asuman con honestidad que toca echarse a un lado, que durante todo este tiempo muchas hijas e hijos de esta tierra se sacaron el carnet y tienen ganas de conducir nuestras islas hacia un futuro mucho más esperanzador que el actual. Tienen las ganas y también el derecho, y como tal, que a nadie le quepa duda que lo van a ejercer. 2027 está a la vuelta de la esquina.

-Concejal de Drago Verdes Canarias en La Laguna

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