Las comunicaciones entre la Tierra y el espacio resultan críticas en cualquier misión espacial. Para asegurar la conexión y el flujo de datos, la NASA cuenta con varias instalaciones de comunicaciones repartidas por el mundo. La necesidad de su distribución alrededor del planeta se basa en que, al ser este una esfera que gira constantemente, las señales precisan que haya siempre alguna antena apuntando en la dirección de la nave para poder establecer y mantener la comunicación.
La señal va pasando de una estación a otra, dependiendo de la que tenga mejor cobertura con la nave en cada momento, y es reenviada a las dependencias de Control de Misión de la NASA, en Houston, EE.UU. A través de las señales recibidas y emitidas fluyen datos, comandos, telemetría y hasta las constantes vitales de los astronautas, lo que da una idea de su importancia. España cuenta con una de estas instalaciones en Madrid y otra en Canarias.
Canarias, la ubicación perfecta
Es un hecho poco conocido que en las Islas contamos con una de estas instalaciones de comunicación aeroespacial, y que está directamente implicadas en Artemis II, la misión que marca la vuelta a la Luna de la humanidad y que comenzó su viaje de 10 días con el lanzamiento de la noche del miércoles.
El denominado Centro Espacial de Canarias (CEC) se encuentra muy cerca de Maspalomas, en Gran Canaria, y es un complejo dependiente del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA). El CEC, que opera las 24 horas del día, todos los días del año, dedica su actividad principalmente al seguimiento de satélites.
Sin embargo, con ocasión de la misión Artemis II, el Centro Espacial de Canarias desempeña un papel relevante en las comunicaciones de la misión, funcionando como enlace entre la NASA y la nave Orion, lo que convierte a Canarias en un puente en el envío y recepción de comunicaciones, datos y telemetría entre los astronautas y los controladores de la agencia espacial estadounidense.
El privilegiado enclave del Archipiélago en medio del Atlántico lo convierte en el lugar ideal para una instalación de este tipo. Las montañas centrales de la Isla, situadas al noreste y noroeste de CEC, suponen un obstáculo a las señales con un ángulo de inclinación de apenas 4,5 grados sobre el horizonte, mientras que al sureste y suroeste el horizonte está delimitado por el mar, lo que ofrece una gran cobertura a las antenas de la estación.

La historia del CEC y el CEC en la historia
El Centro Espacial de Canarias comenzó sus pruebas en enero de 1961, tras la firma de una acuerdo entre la NASA y el gobierno español, y en septiembre del mismo año realizó su primer seguimiento operacional durante la misión Mercury-Atlas 4. Participó también en el programa Gemini y, más tarde, haría lo propio con las misiones Apolo, que llevaron con éxito a 12 astronautas a la superficie lunar entre 1969 y 1972. Las misiones tripuladas a la estación espacial Skylab también utilizaron las instalaciones, pero poco después, en 1975, la NASA cerró el complejo.
En 1979, el centro fue reabierto por el INTA y comenzó a operar para la Agencia Espacial Europea (ESA) realizando el seguimiento de satélites europeos y colaborando con otras agencias espaciales.
“Es un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad”, decía Neil Armstrong al pisar la Luna por primera vez durante la misión Apolo 11, en 1969. Sus palabras, retransmitidas en directo, llegaron a más de 600 millones de personas, testigos atónitos de un momento histórico a través de sus televisores y radios. Lo que no sabían es que la señal que llegaba a sus receptores había pasado antes por un pequeño archipiélago atlántico bañado por el sol y la espuma marina.
Artemis II efectúa la maniobra que establece su trayectoria hacia la Luna
En la madrugada de anoche, aproximadamente 26 horas después del lanzamiento, el plan de vuelo preveía el encendido del motor principal del Módulo de Servicio de la nave Orion (OSM, por sus siglas en inglés).
La maniobra, denominada Inyección Translunar, consiste en acelerar la nave hasta lograr alcanzar la velocidad de escape necesaria para abandonar la órbita de la Tierra, liberándose de su atracción gravitatoria, y establecer la trayectoria que habrá de llevarla hasta la Luna.
A lo largo de las próximas jornadas los astronautas deberán realizar hasta tres encendidos de los pequeños motores auxiliares del OSM para llevar a cabo las correcciones de rumbo necesarias durante su viaje hacia el satélite.
En la noche del sábado al domingo, si todo transcurre según lo previsto, Artemis II entrará en la esfera de influencia de la Luna y será atrapada por su gravedad.
A partir de ese momento, la Orion irá acelerando gradualmente su velocidad como consecuencia de la atracción gravitatoria que la Luna ejercerá sobre ella. Seguirá una trayectoria que la llevará hasta su máximo acercamiento de la superficie, a unos 6.500 kilómetros de altitud y, después de rodear la cara oculta saldrá catapultada de nuevo hacia la Tierra en su viaje de regreso.






