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La Humanidad regresa a la Luna 50 años después: Artemis II despega con éxito y abre una nueva era espacial

El cohete SLS de la NASA, con cuatro astronautas a bordo, vencía anoche a la gravedad terrestre para impulsar la nave Orion en una histórica misión que durará diez días
Momento del despegue de la misión espacial Artemis II desde Cabo Cañaveral, en Florida. Reuters

Por fin, anoche, con rumbo a la Luna y destino a la historia, la misión Artemis II despegaba desde la rampa 39B del Centro Espacial Kennedy, en Florida (EE.UU.), ante la atenta mirada del mundo. Daba comienzo así una singladura largamente esperada y varias veces postergada que llevará a la tripulación, compuesta por los astronautas Reid Wiseman (comandante, 50 años), Victor Glover (piloto, 49), Christina Koch (especialista de misión, 47) y Jeremy Hansen (especialista de misión, 50), más lejos de la Tierra de lo que ser humano alguno haya llegado nunca antes.

Han tenido que pasar casi 54 años para que volvamos a ver una misión tripulada que se aventure más allá del límite de apenas 400 kilómetros de altitud marcado por la Estación Espacial Internacional, la máxima distancia de la Tierra a la que ha llegado la humanidad. Más de medio siglo desde que el 19 de diciembre de 1972 reentrara en la atmósfera terrestre la cápsula del Apolo 17, trayendo de vuelta a los últimos astronautas que dejaron sus huellas en la polvorienta superficie lunar. La tarde de aquel lejano y frío martes pasó a la historia como la conclusión de la era Apolo, lo que a su vez marcó el final de la presencia humana más allá de la órbita baja terrestre.

Anoche, con el exitoso lanzamiento de Artemis II, la NASA volvía a hacer historia y daba el primer paso de un largo camino que inaugura una nueva era de la exploración espacial tripulada.

LA MISIÓN

Artemis II no es una misión de alunizaje, tampoco entrará en órbita lunar y no se quedará circunnavegando el satélite, sino que se limitará a realizar un sobrevuelo cercano a la Luna, pasando por detrás de su cara oculta para rodearla y poner rumbo de vuelta a la Tierra.

En esta ocasión, la tripulación tendrá que conformarse con observar la superficie de la Luna desde unos 6.000 kilómetros de altitud en el punto más cercano de su sobrevuelo, de manera similar a la experiencia que viviera la tripulación del Apolo 8 en 1968.

Sin embargo, la importancia de esta misión es crítica y, más allá del hito histórico que representa, resulta imprescindible para el progreso del ambicioso programa con el que la NASA pretende volver a llevar astronautas a la Luna y desarrollar las tecnologías e instalaciones que sean necesarias para alcanzar el objetivo de contar con una presencia humana sostenible en su superficie.

Bajo esta premisa, la misión Artemis II tiene por objeto poner a prueba la nave Orion con tripulación a bordo y comprobar el correcto funcionamiento de sistemas tan críticos como los de soporte vital y comunicaciones, así como el comportamiento y desempeño del vehículo en entornos operativos tan diferentes como son la órbita terrestre, el espacio profundo y las cercanías de la Luna.

A lo largo de diez días, la tripulación realizará una meticulosa batería de pruebas para lograr la certificación de la nave Orion para vuelos tripulados, primer paso ineludible para el regreso de humanos a la Luna.

LOS RETRASOS

Si largo es el camino a la Luna que tienen por delante los astronautas de Artemis II, no menos largo es el que la NASA ha tenido que recorrer para llegar al lanzamiento de anoche.

Tanto el cohete SLS como la nave Orion han tenido que superar un rosario de problemas técnicos que en varias ocasiones han derivado en la cancelación de la cuenta atrás, retrasando el calendario previsto.

Artemis II no ha sido la excepción, ya que durante una prueba de llenado de los tanques de propelentes el pasado 2 de febrero, una fuga de hidrógeno en los umbilicales que unen los depósitos de tierra con la nave para surtirla de combustible llevó a la cancelación del ensayo previo al lanzamiento.

Poco después, el 21 de febrero, una fuga de helio en el sistema de presurización de los depósitos internos obligaría a la NASA a desistir nuevamente, retirar el cohete de la rampa y llevarlo de vuelta al edificio de ensamblaje para someterlo a una revisión exhaustiva, retrasando una vez más la misión.

Anoche, el fantasma de la cancelación rondaba la rampa 39B y no eran pocas las sospechas de que algún problema pudiera acabar dando al traste con el lanzamiento. La prudente política de la NASA de tolerancia cero ante el más mínimo riesgo que ponga en peligro la integridad de la tripulación exige suspender el lanzamiento ante la más mínima duda.

No fue el caso. Nada pudo detener la cuenta atrás esta vez y, por fin la misión Artemis II pudo despegar con rumbo a la Luna y destino a la historia.

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