El miércoles 22 de abril, tras un tiempo sin dejarse ver por el núcleo realejero de San Agustín, Francisco Pérez Pérez, conocido por todos como Pancho, regresó al que fue su hogar durante tantas décadas. Su presencia, discreta pero profundamente significativa, despertó el cariño inmediato de vecinos de todas las edades. Fue un momento sencillo y, a la vez, cargado de emoción. Nuestra madre, tras reencontrarse con sus sobrinas, pidió a una de ellas, en concreto a Alicia, que captara la escena en una fotografía, que no dudó en enviar posteriormente para dejar recuerdo de ese instante. En esa imagen quedó reflejado mucho más que un reencuentro, representando, además, el afecto sincero de todo un lugar hacia alguien que siempre ha formado parte de su esencia. Y es que Pancho es memoria viva de San Agustín. Su vida está tejida de pequeñas historias compartidas: desde aquellos años en el negocio de los recordados Pepe y Paca, donde ayudaba entre cajas de plátanos y papeles colocados con esmero, hasta su participación entusiasta en las Fiestas del Carmen, donde fue reconocido con el premio Tabladillo Cándido Chaves en 2019. Su vínculo con el Santuario de Nuestra Señora del Carmen, de la mano de don Juan Batista, fue también fundamental durante muchos años. Allí encontró un espacio donde sentirse parte, donde compartir y ser querido, como en tantos otros rincones del lugar. Frecuente era su paso por la Recovita de Jorge y Ángeles, los encuentros con el recordado José Esteban y su esposa Mency, las visitas a la farmacia con la atención esmerada de Imeldo o la carnicería de Pepe sin olvidar el cariño brindado por el grupo humano de Dimensión Siete en el Teatro-Cine Realejos. Lugares y personas que, con gestos cotidianos, contribuyeron a construir una red de afecto a su alrededor. Pancho ha sido siempre cercanía, generosidad y alegría. Un saludo, una conversación, un gesto amable. Así, sin grandes pretensiones, ha sabido ganarse el cariño de todos. Hoy, ese cariño se convierte en agradecimiento. Por su manera de ser, por su autenticidad y por la huella que ha dejado en cada persona que ha tenido la suerte de conocerlo. Porque hay vidas que, sin hacer ruido, lo dicen todo. Y la de Pancho es, sin duda, una de ellas.
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