El escritor mexicano Gonzalo Celorio recogió este jueves el Premio Cervantes 2025 en el tradicional acto que se celebra cada año en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares (Madrid) ante los reyes de España, dedicando su discurso al sentido del humor del autor del Quijote y asegurando que la nacionalidad mexicana no puede “disociarse” de la historia y la cultura españolas.
“Solo manifestaré (…) que la nacionalidad mexicana no puede disociarse de la historia y de la cultura españolas, que le son inherentes. Con sus propias peculiaridades, en cierta medida derivadas de las culturas antiguas, en las que se ha intentado sobreponer la retrotopía del paraíso perdido, México es parte sustancial de lo que Carlos Fuentes denominó felizmente el territorio de La Mancha”, explicó el galardonado.
Antes de su discurso, el autor recogió la medalla y la escultura de manos de Felipe VI, que presidió el acto iniciado con el himno nacional interpretado por la Orquesta de la Ciudad de Alcalá. Tras las palabras del ministro Cultura, Ernest Urtasun, se leyó el acta del premio.
El autor mexicano comenzó diciendo que su padre, en el lecho de muerte, le aseguró que “llegaría” y que si no podía, él mismo le empujaría. “Hoy llegué, papá, justamente hoy, 64 años después. Gracias”, afirmó.
En su intervención, Celorio abordó la imagen “grave” que se tiene de Cervantes, explicando que en sus retratos echa de menos “la alegría de los ojos” que deberían reflejar “el ingenio”. “El gesto adusto no le permite la sonrisa ni la risa y mucho menos la carcajada, que pondría al descubierto sus dientes molenques, mal concertados los unos con los otros, pero que daría constancia del humor que Cervantes despliega a lo largo de las muchas páginas de su novela”.
“Por fortuna, la novela ha podido recuperar en nuestros tiempos la impureza que le otorgó Miguel de Cervantes”
Celorio recordó las palabras de Julio Cortázar en Rayuela, quien dice que “el sentido del humor ha cavado más túneles en la tierra que todas las lágrimas que se han derramado sobre ella”, explicando que el humor en la obra de Cervantes es el que “desvela la esencia de la condición humana”. “Que se debate permanentemente entre el ideal inalcanzable y la cruda realidad, monda y lironda”, comentó.
El escritor reveló que, además de este tema y el análisis de la “literatura del yo” a partir de su propia obra, también querría haber hablado de otros asuntos, como el “tardío advenimiento de la novela en América” con El Periquillo Sarniento, de José Joaquín Fernández de Lizardi, publicada en 1816, cuando se había iniciado la guerra de Independencia en México.
LA IMPUREZA
Por otro lado, Gonzalo Celorio defendió que la “impureza” del Quijote, su mezcla de géneros, se ha recuperado en la novela actual, que es en sí misma “un género sucio”. “Por fortuna, la novela ha podido recuperar en nuestros tiempos la impureza que le otorgó Cervantes. Es en sí misma un género sucio, que se nutre de la vida con todas sus aspiraciones, sí, pero también con todas sus lacras y sus inmundicias”, argumentó.
Otro de los temas centrales de su intervención fue su propia obra, dedicada en gran parte a su familia: “Es ella, a fin de cuentas, la que me ha traído hasta este paraninfo”, recopilando “historias de migración y de exilio; de bonanzas ubérrimas y latrocinios arteros; de vicios inconfesables y amnesias enajenantes, de obsesiones satánicas y luchas revolucionarias”. “Unos habían sufrido los trastornos generados por la Revolución mexicana o la Guerra Civil española, otros habían abrazado la causa de la Revolución cubana o, proscritos por el nuevo régimen, habían tenido que emprender el camino de la diáspora”, recordó.





