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Humberto Hernández: “Con apenas dos millones de hablantes, la proyección panhispánica del español de Canarias es enorme”

El filólogo, catedrático y profesor honorario de la Universidad de La Laguna, miembro de la Academia Canaria de la Lengua, acaba de publicar el ensayo 'No hay dialecto pequeño'
Humberto Hernández
El filólogo Humberto Hernández, profesor honorario de la Universidad de La Laguna. / DA

Doctor en Filología Española, catedrático y hoy profesor honorario de la Universidad de La Laguna, Humberto Hernández es miembro de la Academia Canaria de la Lengua, que presidió entre 2018 y 2025. Siguiendo la estela de un trabajo anterior, Una palabra ganada, acaba de publicar No hay dialecto pequeño (Pie de Página, 2026), un volumen, con prólogo de la también filóloga Lola Pons, en el que figuran un conjunto de artículos publicados en la prensa, “nacidos de los conocimientos y la experiencia de un defensor desapasionado del español, pero un defensor apasionado de la riqueza y del idéntico valor de todos los dialectos frente a visiones hegemónicas”.

-‘No hay dialecto pequeño’, su nuevo libro, reúne casi medio centenar de artículos. ¿Cuál es su hilo conductor?
“El título me lo inspira un ensayo magnífico de George Steiner, en el que señala que no hay lengua pequeña. Al valorar los aspectos cuantitativos y cualitativos de una lengua, Steiner llega a la conclusión de que ninguna, por más hablantes que tenga, es mejor que otra. Yo extrapolo esta hipótesis y deduzco que tampoco hay dialectos pequeños. Hay una actitud muy común últimamente por parte de algunos hablantes: la glotofobia, la discriminación por razón del dialecto que se habla. Esto lo hemos sufrido mucho los canarios. Se nos decía que hablábamos mal, se nos exigía que hablásemos la modalidad centronorteña, incluso los periodistas tenían que adoptarla… En fin, yo creo que esta idea de que no hay dialecto mejor ni peor es la que combate la glotofobia”.

-Desde el mismo título, podemos entender que este ensayo es una defensa de las modalidades lingüísticas del español. ¿Se ha superado ya, de forma general, esa visión en la que prevalecía el español septentrional?
“Es una pena, pero todavía hoy algunos dialectos meridionales son objeto de esta actitud glotofóbica. Quizás ahora, en el ámbito del español europeo, algunas modalidades del andaluz son las que más sufren la discriminación. Los canarios nos estamos liberando de esa glotofobia, algo que se observa también en que estamos dejando de sentir ese complejo que se decía que teníamos al expresarnos. El español de Canarias es una modalidad pequeña en cuanto a número de hablantes, somos apenas dos millones, y sin embargo posee una proyección panhispánica enorme. El canario se llevó a América y el español que se habla hoy en el ámbito caribeño es heredero del español de Canarias”.

“Para combatir la glotofobia, la discriminación por el dialecto, está la certeza de que no hay unos que sean mejores que otros”

-Ahora que se habla de globalización, ¿el español de Canarias está en riesgo de perder riqueza o, al contrario, con este fenómeno se potencia la misma naturaleza mestiza que posee?
“Ese es un debate que suele plantearse en ámbitos académicos. El otro día leí un artículo sobre las lenguas que se están extinguiendo. Mencionaban el mócheno, que se habla en Centroeuropa y apenas quedan hablantes. Y, claro, ante esto uno puede ver que también hay riesgo de que los dialectos desaparezcan. Yo creo que el caso del canario no está en esa línea: es un dialecto bien arraigado. Las lenguas que están vivas evolucionan, cambian, y es verdad que la globalización puede contribuir en algunos aspectos a que se pierdan elementos diferenciales de la modalidad. ¿En qué sentido? Pues si con la industrialización desaparecen realidades concretas en el ámbito de la agricultura, la ganadería, etcétera, las palabras también desaparecen. Muchas que se usaban en el mundo agrícola han dejado de usarse porque han desaparecido las actividades o los instrumentos que nombraban. Pero eso son los aspectos terminológicos, léxicos, del dialecto, que se sigue enriqueciendo con nuevas aportaciones. Del mismo modo que nosotros llevamos para América muchos elementos del español en general y del canario, ahora recibimos influencias del español americano con la llegada de inmigrantes. De manera que no creo que exista ese problema. Y hay otra razón fundamental: la actitud de los hablantes. Los canarios, como los mexicanos, los argentinos, los venezolanos, se sienten identificados con su forma de hablar. Así que lejos de dejar que se difumine o se pierda, la defienden. Incluso de manera inconsciente. No creo que hoy ningún canario tienda a dejar de decir guagua por autobús, o alongarse por asomarse, o jeito por habilidad o por esguince. Son palabras que tenemos arraigadas en nuestro dialecto y seguiremos usando, hablando y escribiendo. De todos modos, conviene actuar con cautela y poner las medidas necesarias para proteger nuestra modalidad dialectal”.

“Hay palabras que desaparecen con la globalización, pero un dialecto vivo continúa enriqueciéndose”

-¿Y cómo continúa hoy manifestándose ese vínculo y esa mutua influencia lingüística entre Canarias y América?
“Este intercambio, estas aportaciones que recibimos o que damos, se produce con mucha lentitud. En un momento determinado, sincrónicamente, es difícil apreciarlo, pero se da. En una tienda de electrodomésticos me encontré con una arepera, una palabra que ya no solo asociamos al establecimiento donde podemos comer arepas, sino también al aparato para hacerlas en casa. O sea, que esa palabra que nos vino de Venezuela es completamente normal hoy en Canarias, como también lo es hallaca o la expresión un palo de agua, que la leo incluso en la prensa. Ese palo de agua no era una expresión propia de las Islas hasta que la han traído los hispanohablantes americanos”.

Portada de ‘No hay dialecto pequeño’ (Pie de Página, 2026)

-¿Cómo conviven en usted la vertiente divulgadora con la docente y la investigadora?
“La investigadora es una función inherente a mi condición de profesor universitario. Como profesor debes investigar sí o sí. Incluso sin pensar en las cuestiones prácticas o útiles que pueda tener. Estudias la aspiración de la s implosiva en Canarias y es probable que esa investigación solo dé unos resultados estadísticos que no van a tener ninguna finalidad en el ámbito pedagógico. Luego están la vertiente docente y la divulgadora, muy relacionadas. La labor didáctica es la que llevas a cabo cuando aspiras a transmitir conocimientos al alumnado. Más compleja es la divulgación, transmitir esos contenidos, una información de tipo científico, a un público en general. Ante un grupo de alumnos o de colegas en un congreso sé a quién me estoy dirigiendo y puedo utilizar una terminología muy específica. No tengo que adaptar mi mensaje a la capacidad de comprensión de los destinatarios. Pero en el ámbito divulgativo desconozco quién es el que recibe esa información. Debo adoptar un estilo que garantice que el mensaje, sin que pierda rigor científico, va a ser comprendido. Es una tarea complicada y creo que por esa razón no somos muchos los docentes que llevamos a cabo esta práctica divulgativa. No es fácil comunicar en un artículo periodístico una cuestión de tipo científico. Alguien ha dicho, y si no, ya lo digo yo, que muchas veces la capacidad didáctica de un docente se demuestra en la divulgación. La forma de expresarse, sencilla y atractiva, debe casar bien con el contenido, riguroso. Pero para ello no parto de cero, tengo mis modelos de divulgadores lingüísticos. Desde Ángel Rosenblat, en el ámbito americano, hasta Fernando Lázaro Carreter, en el español. Incluso García Márquez escribió muchísimos artículos periodísticos relacionados con cuestiones lingüísticas. Poseo unos maestros que, de alguna manera, garantizan el mayor o menor éxito de estas notas. En este caso, la editorial Pie de Página me pidió que hiciera una selección de entre el centenar de artículos que he publicado en los últimos cinco años y de ahí surgió No hay dialecto pequeño”.

“No es nada fácil la vertiente divulgadora: debes expresarte de forma sencilla y atractiva sin perder por ello el rigor científico”

-Usted es miembro de la Academia Canaria de la Lengua, que en su momento presidió. Fundada en diciembre de 1999, ¿cuál ha sido a su juicio el papel que ha desempeñado en este cuarto de siglo en su diálogo con la sociedad de las Islas?
“Mi opinión igual no es muy objetiva [ríe], pero, y no es solo porque lo diga yo, el papel de la Academia Canaria de la Lengua ha sido fundamental. Primero, en contribuir a la estandarización de nuestra modalidad. En decir públicamente, de una vez por todas, por ejemplo, que el seseo no es ningún problema de dicción, que es correcto el uso del ustedes en lugar del vosotros… Estas y otras muchas cuestiones, dichas por una institución y respaldadas por un conjunto de personas del ámbito lingüístico y cultural, son el resultado de una labor que ha calado. También está el hecho de que los académicos tenemos una serie de programas de divulgación de nuestra modalidad. Por ejemplo, vamos por los centros docentes del Archipiélago a dar charlas sobre el español de Canarias a los alumnos de Primaria y Secundaria. De igual manera, hemos comprobado que, en estos 25 años que lleva la academia con su tarea de divulgar, promover y estudiar nuestra modalidad, ese tradicional complejo de los canarios ha desaparecido. No creo que ningún periodista canario se lo piense hoy a la hora de decir guagua o papa, sino que usa nuestra modalidad con toda naturalidad gracias, en buena medida, al respaldo de la Academia Canaria de la Lengua. Pero es que además hay estudios de lingüistas de fuera de las Islas que han demostrado que, efectivamente, esta mayor valoración de la modalidad dialectal se debe a la divulgación de la Academia Canaria de la Lengua. De manera que su labor me parece incontestable. Tenemos numerosas publicaciones. Invito a visitar nuestra página web, en la que hemos intentado tenerlas todas digitalizadas. Contamos con un Diccionario básico de canarismos y estamos a punto de concluir uno general”.

“La Academia Canaria de la Lengua ha contribuido de forma decisiva a acabar con el complejo sobre nuestro dialecto”

-Uno de los ámbitos que aborda es el español de Canarias en los medios de comunicación. ¿Hacemos buen uso de él los periodistas de las Islas?
“No me gusta hacer afirmaciones generales, porque hay de todo en la viña del Señor. Ante mis alumnos suelo ser muy crítico y recurro a los malos ejemplos, pero la realidad no es esa. Hay buenos periodistas y se ha mejorado mucho en el periodismo. Quizás porque buscan diferenciar, y deben hacerlo aún más, los medios de comunicación de los que no lo son, me refiero a lo que se escribe en las redes sociales. La prensa tradicional, la radio y la televisión de toda la vida tienen mecanismos de autocontrol, y eso ha mejorado la situación de manera notable. Se siguen cometiendo errores, pero todos los que hablamos y escribimos los cometemos. Luego hay casos en los que percibes las prisas que hay por sacar la noticia, que obligan a expresarse de formas que no son muy recomendables. También hay una serie de tics que se mantienen ahí, como es el caso de preveer, un verbo que no existe. Una serie de errores y usos inadecuados que continúan y deberían corregirse. Pero no hay que poner el grito en el cielo. En puridad, todo lo que se dice y es comprendido por el receptor está bien dicho”.

“El uso del lenguaje en el periodismo ha mejorado al buscar diferenciarse de los que no son medios de comunicación”

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