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Juanito Viñas

Ha muerto (con 92) Juanito Viñas, eterno gerente del Carnaval, inventor, con algunos otros, de la carnestolenda moderna, de la transición invisible desde las viejas Fiestas de Invierno, que eran un eufemismo para evitar los pudores de doña Carmen, nombre que se inventó, entre otros, Opelio Rodríguez Peña, a la sazón delegado de Información y Turismo. El sentido del ahorro de Juan Viñas era proverbial. Las revistas, un suponer, del Carnaval de 1990, las guardaba en un armario y las repartía en 1992. Igual las medallas y los abalorios que se entregaban a los invitados. Cuando expedía los carnés a los periodistas para su paso franco a los actos, cogía un rotulador y les pintaba la cara con bigotes, les hacía crecer las orejas y a los calvos -como Lito Mesa- les colocaba una mata de pelo. Juan Viñas manejaba el Carnaval como nadie. Lo hacía cosa propia para que nunca le faltara una peseta: siempre le cuadraron las cuentas, algo imposible de conseguir en una fiesta que conlleva tanto jolgorio, tanto caprichoso y tanto interés creado. Si me preguntaran qué significó Juan Viñas para mí, diría que un tipo cojonudo. Amigo de sus amigos, Santa Cruz lo distinguió con el título de Hijo Predilecto, lo cual fue absolutamente justo. Empezó en el Ayuntamiento, en el Negociado de Multas, y allí no se escapaba nadie. Antes había pasado por la Facultad de Derecho y uno de sus amigos del alma, aunque luego se pelearon por una tontería y se reconciliaron más tarde, fue Pepe Capón, otro crack, consejero-delegado de este periódico durante mucho tiempo. Juan Viñas era un chicharrero irredento, a quien se le cortaba la respiración en las vísperas del Carnaval y le volvía el aliento con el Entierro de la Sardina. Porque la Piñata estaba chupada. Me da mucha pena esta despedida, pero es que la generación va cayendo por el triste sino de los tiempos. Que no perdonan.

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