Gracias al desorbitado precio de los combustibles ha mejorado el tráfico. Quizá la solución esté en no ampliar las carreteras, ni en limitar la circulación, según los días, a los vehículos con matrículas pares o impares, como se hizo en Caracas. Cuando la bonanza, los venezolanos compraban dos coches, uno con matrícula par y otro con placa de número impar. Problema resuelto pero parque móvil disparatado. Puede que la solución esté en subir el precio de las gasolinas y así la gente, por la cuenta que le tiene, se retrae y no sale a la calle motorizada. Ahora, con lo del estrecho de Ormuz, el precio de la gasolina subió enseguida, pero no por haber sido alterado en origen (no había tiempo), sino porque algunos hicieron negocio con un stock comprado más barato, que se convirtió en caro de repente. Alguien ejerce de manera alevosa la sinvergonzonería, no me pregunten si son las administraciones (más del 50% del importe por litro son impuestos), los distribuidores, las petroleras o sus madres. La subida abusiva de los combustibles ha tenido algo muy bueno: que ha mejorado notablemente el tráfico. Se nota en las colas y en que ya no hay filas de coches con papanatas a bordo dando vueltas y más vueltas al Puerto de la Cruz para que los vean quienes están sentados en el Hanen comiéndose una salchicha. El Puerto de la Cruz es un fondo de saco, donde a quien entra le cuesta salir y gasta muchos litros de gasolina en el intento. El sábado y el domingo pasado no había ni siquiera concentración de gente ociosa paseando en coche, sin tino. Todos habían aparcado e iban caminando. Es como en Navidades, cuando el mago va a comprarse un televisor a La Villa, la monta en el carro y la pasea por el centro comercial para comunicar al pueblo su estatus económico. Patético.
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