cultura

Violeta Gil: la poesía como un espacio de pausa frente al ruido y la velocidad contemporáneos

La escritora y creadora escénica segoviana presenta el jueves en La Laguna la pieza ‘Anatomía de una biblioteca’, con motivo del 23 de abril, Día Internacional del Libro
Violeta Gil. / Erin Kiernan

En un tiempo dominado por la velocidad, la creadora escénica y escritora Violeta Gil propone detenerse. Escuchar. Respirar dentro del lenguaje. Con motivo del Día Internacional del Libro, la autora segoviana (Hoyuelos, 1983) presentará en Tenerife Anatomía de una biblioteca, una pieza concebida como un cruce de voces, ritmos y sensibilidades que invita a repensar la relación entre palabra, cuerpo y música.

La cita tendrá lugar el próximo jueves, 23 de abril, justo en la fecha oficial de la conmemoración, en la Biblioteca Municipal de La Laguna, donde Violeta Gil desplegará un dispositivo escénico que trasciende la lectura convencional: poemas propios y ajenos dialogan entre sí, se superponen a canciones y generan una experiencia sensorial que desborda los márgenes del libro.

MISMO IMPULSO, DIFERENTES FORMAS

Lejos de entender su trabajo como una suma de disciplinas, Gil defiende una visión unificada del hecho creativo. “Pienso la creación como un mismo impulso que toma diferentes formas”, explica. Para ella, escribir, dirigir o imaginar una pieza escénica responde a una misma necesidad expresiva, aunque cambien los formatos. “Los términos de producción y la materialización cambian, claro, pero el impulso es el mismo”.

Ese estímulo, en su caso, está atravesado por una dimensión poética y política que se encarna tanto en el texto como en el cuerpo. No resulta casual que su trayectoria esté profundamente ligada a la creación colectiva a través de la compañía La Tristura, una experiencia que, según reconoce, ha sido determinante para ella: “Me ha formado a un nivel no solo creativo, sino intelectual y sentimental”.

Aun cuando desarrolla proyectos individuales, Violeta Gil sigue pensando desde lo compartido. “Pienso mucho en un nosotras”, afirma. Una idea que no solo amplía el sentido de las obras, sino que también cuestiona la autoría individual y diluye el ego. Esa apertura se traduce en colaboraciones constantes con otros artistas, como el músico Marcos Nadie o la cineasta Elena López Riera, con quien prepara una nueva pieza.

Anatomía de una biblioteca responde precisamente a esa lógica de encuentro. En ella, la autora explora las posibilidades del lenguaje cuando entra en fricción con otros elementos. “Busco conexiones y disonancias”, señala sobre su trabajo con la música, “para generar nuevos paisajes que de otra manera no existirían”. En ese cruce, la poesía adquiere una dimensión física que trasciende la página: “Hay algo muy físico en la poesía que no siempre encuentra la manera de salir afuera, y la música, sin duda, se lo permite”.

UNA FORMA DE RESISTENCIA

La propuesta tampoco resulta casual en el contexto contemporáneo. Frente a la saturación informativa y la inmediatez, Violeta Gil reivindica la pausa como una forma de resistencia. “Diría que es sobre todo una elección política”, afirma la creadora. Apostar por la lentitud, por la atención sostenida, se convierte así en una toma de posición. “Vivimos con tanto ruido, tanta prisa, que no hay espacio para pensar y quiero que podamos hacerlo”.

Ese gesto atraviesa también su evolución como escritora. Entre su primer poemario, Antes de que tiréis mis cosas (2019), y el reciente Andábamos maravillados (2025) reconoce un proceso de maduración marcado por la distancia y la relectura. “He podido tomar más distancia conmigo misma”, explica, en un contexto que, además, percibe como “más violento y demandante”, lo que ha intensificado su “voluntad de encuentro”.

HABITAR LA PALABRA

Esa voluntad es, en última instancia, el núcleo de su trabajo. Crear espacios donde la palabra no solo se consuma, sino que se habite. Donde escuchar sea un acto compartido. En La Laguna, Gil no ofrecerá únicamente una lectura, sino una experiencia: una invitación a detener el tiempo y dejar que lenguaje, música y cuerpo dialoguen en un mismo plano.

Porque, como sugiere la propia pieza, quizá se trate -simplemente- de volver a alabar “la posibilidad, el ardor, la maravilla, la vida”.

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