A las cinco y treinta y seis de la madrugada, con la noche todavía cerrada sobre el sur de Tenerife, las luces del MV Hondius se abrían paso en el puerto de Granadilla escoltadas por una embarcación de la Guardia Civil. Daba comienzo la Operación Granadilla. El crucero polar, foco de un brote de hantavirus con tres fallecidos y convertido durante semanas en el centro de las miradas del mundo, fondeaba al abrigo de la dársena, custodiado entre dos cargueros, a unos doscientos metros de cada uno de los espigones. Justo en el centro.
A bordo continuaban casi 150 personas de 23 países, después de zarpar el jueves desde Praia, en Cabo Verde, a una velocidad de crucero próxima a los 28 kilómetros por hora. Llevaba trece días navegando con un cadáver en su interior.
Al alba, con un viento tenue de sureste, y levantando un rumor de aparejos sobre el muelle, accedieron al recinto las dos primeras guaguas burbuja de la UME, encargadas de evacuar a los catorce pasajeros españoles. Los helicópteros sobrevolaban la dársena con un sonido estridente, y las lanchas de la Guardia Civil patrullaban en círculos en torno al casco del crucero. Dos carpas de la Benemérita, montadas la víspera, se alzaban frente a la zona habilitada para los cientos de periodistas llegados de una veintena de países. El barco, anclado, giraba lentamente y de forma constante sobre su propio eje.
La Guardia Civil encabezó un operativo sin precedentes en el país. Para ello, se sucedieron varias unidades del cuerpo: Seguridad Ciudadana de la Comandancia de Santa Cruz de Tenerife, distintas secciones de la Compañía de Playa de las Américas, el GRS número 8 y el Sector de Tráfico de Canarias.
Los agentes blindaron de forma milimétrica el perímetro exterior y los accesos al recinto, mientras los profesionales sanitarios, vestidos con equipos de protección individual, articulaban hasta cuatro cordones sucesivos sobre la zona de desembarco.
En el centro de aquella coreografía sanitaria se custodiaba un pantalán habilitado para que los pasajeros llegados del crucero pasaran directamente de las zódiacs a las guaguas burbuja, sin pisar más suelo del estrictamente necesario.
El cordón de seguridad se completó en el agua. La capitanía marítima y la Autoridad Portuaria de Santa Cruz de Tenerife —que junto a la Guardia Civil llevan preparando el dispositivo desde el viernes— prohibieron la navegación a menos de una milla náutica del crucero, así como cualquier movimiento dentro de la dársena.
El protocolo, paso a paso
A las siete y cuarto, las guaguas burbuja —el nombre con el que se ha rebautizado a los autobuses estancos que conducen los efectivos de la Unidad Militar de Emergencias— entraron en el muelle. Antes de cualquier desembarco, y poco tiempo después de llegar al puerto granadillero, los profesionales de Sanidad Exterior subieron al buque y revisaron el estado clínico de pasajeros y tripulantes. Todos continuaban asintomáticos. Solo entonces se activó la fase de evacuación.
Las zódiacs, custodiadas por embarcaciones de la Guardia Civil y de Salvamento Marítimo, transportarían a los pasajeros en grupos reducidos, de cinco a siete personas, organizados por nacionalidad. Cada expedición pasó directamente a un vehículo sellado y sin contacto con personal civil.
Los repatriados
La consigna era que ningún pasajero podía abandonar el buque hasta que el avión que iba a repatriarlo estuviera en pista. El equipaje quedó reducido a una bolsa cerrada con lo imprescindible (documentación, móvil, cargador y enseres básicos).
A las nueve menos cuarto de la mañana se ejecutó la primera operación. Una zódiac descendió del costado del Hondius con la primera expedición de pasajeros españoles a bordo y atracó en el muelle, donde los recibió Sanidad Exterior. Siete viajeros subieron a la primera guagua; los otros siete, en una segunda tanda, abandonaron el puerto poco después con destino al aeropuerto Tenerife Sur, a unos diez minutos por carretera. Los catorce españoles partirían al mediodía rumbo al hospital Gómez Ulla de Madrid, donde guardarán cuarentena durante 42 días.
Detrás llegó el tercer vehículo de la UME, con los cinco repatriados franceses, que partieron horas después desde el aeródromo rumbo al país vecino. Uno de ellos presentó síntomas durante el vuelo.
Entre traslado y traslado, el protocolo se detenía en impasses de cerca de una hora.
A las 13.45 horas despegó el avión con los cuatro pasajeros canadienses. Ya entrada la tarde partió la nave que transportaba a 26 pasajeros de distintas nacionalidades, entre ellos ocho ciudadanos neerlandeses, separados por una distancia de seguridad y acompañados durante todo el trayecto por personal médico. Con esa misma delegación viajaba el representante de la OMS de África.
A lo largo de la tarde, y de forma escalonada, descendieron del Hondius veintidós pasajeros británicos, dos irlandeses y tres turcos.
Para cerrar la jornada, pasadas las diez de la noche, partieron los dieciocho estadounidenses, en el traslado más dilatado de todo el operativo. En total fueron 94 los trasladados durante el domingo. Los pasajeros restantes lo harán hoy; en dos vuelos programados a Países Bajos (23) y Australia (6). El cuerpo del pasajero fallecido no llegará a desembarcar.
La Operación Granadilla se ejecutó en plena fractura institucional entre Madrid y Canarias. Durante la tarde del sábado, el Gobierno canario retiró a última hora la autorización para el fondeo, y la Dirección General de la Marina Mercante tuvo que firmar de madrugada una resolución administrativa que imponía la acogida del buque en aplicación del artículo 299 de la Ley de Puertos del Estado y de la Marina Mercante. Horas antes, en una reunión con la ministra de Sanidad, Mónica García, y el de Interior, Fernando Grande-Marlaska, el presidente Fernando Clavijo no había planteado objeción alguna y se había celebrado que todo estaba listo.
Sin rastro del Ejecutivo canario
En las horas previas a la llegada del buque, el tono de Clavijo se endureció. El presidente canario sostuvo que los informes técnicos del Ejecutivo regional “aconsejaban reducir al mínimo la permanencia del crucero en la Isla”. “Tenemos reparos a que a lo largo de la noche pueda bajar algún roedor y poner en peligro la seguridad de los canarios”, denunció. Su queja de fondo era que no se garantizaba que los pasajeros con vuelos retrasados desde Países Bajos y Australia salieran en la jornada del domingo, y reclamaba reubicarlos en aviones de otros países si era necesario.
Desde aquel momento, la comunicación al máximo nivel entre administraciones quedó rota. La operación pasó a ser dirigida íntegramente por el Gobierno central con la supervisión de la Organización Mundial de la Salud. Ningún representante del Ejecutivo regional compareció ayer en el puerto.
El protocolo internacional desplegado se mantendrá activo hasta las siete de la tarde de la jornada de hoy, tiempo límite que tiene la embarcación para estar fondeado en el puerto, según precisó el ministro de Política Territorial, Ángel Víctor Torres. A la mañana, el MV Hondius será reabastecido de combustible y zarpará a la tarde rumbo a Países Bajos para someterse al proceso de desinfección. A bordo permanecerán treinta tripulantes. Después de más de dos semanas en el mar con un muerto a bordo, el crucero pondrá rumbo a su última travesía.
“Demandamos al Gobierno de Canarias que nos dejaran trabajar”
Mientras el avión militar con los catorce pasajeros españoles sobrevolaba la zona, la ministra de Sanidad, Mónica García, compareció para explicar que la primera parte de la operación Granadilla había “ha sido un éxito”. El Ministerio se había puesto en contacto con el portavoz de los pasajeros patrios a través de Sanidad Exterior. “Nos han trasladado que están muy agradecidos”, afirmó. Reivindicó el operativo y descargó sobre la polémica institucional: “Estamos cumpliendo con las expectativas, y esto es motivo de orgullo para la nación y para Canarias, una comunidad solidaria y comprometida”. Sin nombrar a Clavijo, deslizó el reproche más afilado: “Ayer le demandamos al Gobierno de Canarias que nos dejaran trabajar”. Y añadió: “El alarmismo es contrario a la salud pública”.

