alto voltaje

José Alberto Díaz-Estébanez: el niño del Exorcista y el arte de hacer el ridículo

"Porque José Alberto tiene un talento indiscutible: hacer el ridículo con una perseverancia verdaderamente admirable. 31 años viviendo del presupuesto público y todavía no ha conseguido que nadie recuerde algo de su controvertida gestión"
José Alberto Díaz-Estébanez: el niño del Exorcista y el arte de hacer el ridículo
José Alberto Díaz-Estébanez: el niño del Exorcista y el arte de hacer el ridículo

Si algún amable lector piensa que exageramos, le recomendamos que vea el vídeo que acompaña estas líneas. Ahí podrá contemplar, sin efectos especiales y sin necesidad de cotufas, el delirante espectáculo que José Alberto Díaz-Estébanez protagonizó hace unos días en El Grillo, la tertulia de Canal 4 Televisión que presenta Gonzalo Castañeda.

El vídeo, subido a Instagram por el periodista de la SER Javi Rodríguez, se ha hecho viral porque cuesta creer que un concejal y diputado regional de pacotilla pueda hacer semejante ridículo en público sin que nadie le retire el micrófono por compasión humana.

Aquello no parecía una tertulia política. Parecía un casting fallido para el remake cutre de El Exorcista. Díaz-Estébanez gritaba, braceaba y soltaba disparates como un cuñado desatado en una comunión. Más que un representante público, parecía el concursante frikie expulsado de un reality barato intentando montar un escándalo final para que alguien recuerde su nombre al día siguiente.

Y mientras él montaba el numerito, la audiencia del canal asistía al show entre la vergüenza ajena y la carcajada inevitable. Porque José Alberto tiene un talento indiscutible: hacer el ridículo con una perseverancia verdaderamente admirable. Treinta y un años viviendo del presupuesto público y todavía no ha conseguido que nadie recuerde algo de su controvertida gestión. Eso sí: broncas, salidas de tono, actuaciones esperpénticas, y gatillo fácil en las redes sociales, todas las que quieran. 

En el Ayuntamiento de Santa Cruz, José Manuel Bermúdez lleva tiempo perfeccionando una técnica muy concreta cuando Díaz-Estébanez aparece cerca: mirar para otro lado y esperar que escampe. En el Parlamento regional ocurre algo parecido. Cuando abre la boca, sus compañeros empiezan a comportarse como pasajeros de avión buscando desesperadamente otra fila libre, y por respeto a quien le ha puesto el nombrete en su partido, no lo vamos a desvelar de momento, pero por tal denominación lo conocen ya en toda la calle del Castillo.

Conviene aclararlo por simple higiene democrática: Díaz-Estébanez no es Coalición Canaria. En ese partido todavía quedan dirigentes discretos, educados y hasta elegantes. Lo suyo pertenece más bien a otro género: el del tertuliano desquiciado que entra en combustión cuando ve una cámara, mezcla bronca de plató con síndrome de Tourette y vive aterrorizado ante la posibilidad de tener que descubrir, a estas alturas, cómo se gana la vida la gente normal y corriente que no tiene acceso a la teta publica. 

Y claro que teme quedarse fuera. Porque después de más de tres décadas mamando de la política, el gran objetivo ya no parece cambiar Canarias. El gran objetivo es bastante más sencillo: agarrar otro sillón bien pagadito, estirar la legislatura como un chicle y llegar a la jubilación ordeñando un carguito público hasta la última gota. Por eso monta espectáculos. Por eso berrea. Por eso se transforma en el niño del Exorcista cada vez que ve una cámara encendida o una red social en una pantalla.

Lo más divertido de todo es que él probablemente cree que estas actuaciones le convierten en un político temible. Y no. Lo convierten, simplemente en un bufón, en el personaje que todo el mundo comenta al día siguiente… para reírse un rato.

Estimados dirigentes de Coalición Canaria, tengan ustedes a bien guardarnos un cachorro… y recuerden que, en política, tan importante como sumar votos es no acabar restando prestigio.

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