En mayo de 1976, o sea, hace 50 años, salió a la calle este periódico en Tenerife, después de su andadura palmera. Yo recuerdo que llamaba a empresas e instituciones, o a la policía, para averiguar cualquier suceso que ocurriera en Canarias, y me preguntaban: “¿DIARIO DE AVISOS? ¿Y eso qué es?”. En cada conversación telefónica teníamos que explicar que se trataba de un nuevo periódico. Una redacción pequeña en una casa de la familia de Pepe Fumero, en la calle Santa Rosalía, de la que nos desahuciaron porque Pepe se peleó con el cuñado y el cuñado le ganó el pleito. Pepe Capón, consejero delegado, y yo, tuvimos que perseguir literalmente a don Francisco Soler Vázquez, una gran persona, presidente entonces de la Audiencia Provincial, por los pasillos del edificio, para rogarle que hablara con el ponente de la sentencia y que nos diera unos meses más para abandonar la casa. Y así fue. Compramos la fábrica de tabacos Jean, en la prolongación de Salamanca. Me parece que costó ocho millones de pesetas, con un crédito de la Caja Rural que yo avalé, entre otros. Imagínense lo complicado del traslado, rotativa incluida. Pero lo logramos. Hay una anécdota: unas tazas de café en el despacho del director, que no se lavaron nunca. Se compraron, se tomó un café en ellas un político de Güímar y allí se quedaron, con un solo uso. Jamás se limpiaron. Se murió el único usuario y allí siguieron las tazas, años y años. En este periódico dejé una parte de mi vida, pero lo mío siempre fue la libertad y cuando intentaron quitármela me rebelé y me fui. Me costó un disgusto con Pedro Modesto Campos, el alma del proyecto, que también era una buenísima persona y quien me llevó al Diario. Y entonces fundé AIN, la primera agencia de noticias de las islas. Pero esta es ya otra historia. Cosas de mayo.
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