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Santa Cruz vuelve a teñirse de blanquiazul en una fiesta sin fin

Miles de personas festejaron en la calle el ascenso del CD Tenerife y se fundieron en una intensa celebración con los artífices de la vuelta al fútbol profesional en la plaza del Cabildo
La afición del CD Tenerife se volcó para festejar el ascenso a Segunda División. Fran Pallero/Sergio Méndez

Botó el Heliodoro, pero también la calle. El impulso del que ha sido el jugador número 12 del equipo a lo largo de toda la temporada se hizo notar desde temprano y la fiesta comenzó antes de lo previsto tras la derrota del Celta Fortuna, que consagró el regreso del CD Tenerife a Segunda.

“Este ascenso supone volver a nuestra realidad», comentó Carlos, uno de los miles de seguidores blanquiazules que, tras seguir y festejar en los alrededores del estadio, se acercó junto a su hijo hasta la plaza de España para ver el partido con los deberes ya hechos.

En el espacio instalado frente al Cabildo, el contratiempo no lo puso el fútbol, sino la pantalla en la que debía proyectarse el encuentro. No fue hasta pasado el minuto 30 cuando los aficionados pudieron seguirlo, debido a problemas técnicos. Se celebró ese comienzo tardío, pero sobre todo el gol de Gallego, al inicio de la segunda parte, que encendió por fin el ambiente en la plaza de España.

La fiesta continuó con el tanto de Maikel Mesa, que dio el pistoletazo de salida a la celebración blanquiazul. “¡Campeones, campeones!”, comenzaron a entonar los aficionados desplazados hasta la plaza de España. La alegría se desbordó con el pitido final. “Se nos saltan las lágrimas a toda la familia”, reconoció Davinia, acompañada por su marido y sus dos hijos. El mayor de ellos, Moisés, a sus nueve años y celebrando su primer ascenso, lo tuvo claro: “Es un subidón… ¡Subidón blanquiazul!”.

Hasta el Cabildo se desplazó la fiesta tras una rúa de los campeones que vistió de blanco y azul la calle San Sebastián. Música, mucho baile… Pero, sobre todo, jugadores, cuerpo técnico y afición fundidos en un mismo grito al paso de la guagua descapotada. Y, por si quedaba alguien por sumarse al viaje, ayer quedó claro: la Cerveroneta está a rebosar y no admite más pasajeros. A su llegada al Cabildo, el equipo capitaneado por Aitor Sanz fue recibido y homenajeado entre los cánticos de la plantilla que, como un grupo de aficionados más, llevó la voz de la calle al Salón Noble de la emblemática sede.

Pero la de ayer no era noche para muchas formalidades. Jugadores y afición querían fiesta… y la tuvieron. La salida al balcón con el propio Cervera dejándose la voz, desató la locura en la calle.

Con la plantilla ya en el escenario culminó una noche mágica, como las de antaño, como merecía este club y esta Isla. “Siento el orgullo de ser canaria”, reconoce una de los miles de aficionados que hicieron rebosar la capital.

Ya lo dijo el gran Jorge Valdano: “El fútbol es la cosa más importante de las cosas menos importantes”. Días como el de ayer lo confirman. La unión de un pueblo que, por unas horas, dejó atrás el tú y yo para construir un nosotros da sentido a eso que tantos enfados, tristezas y decepciones nos ha dado pero que, también, nos regala momentos mágicos como el de este 1 de mayo, para la historia.

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