La isla de Tenerife vivió el viernes una jornada histórica con la visita de León XIV, un pontífice que no solo demostró su labor misionera ante la crisis migratoria, sino que acompañó su viaje de multitud de gestos y complicidad con un pueblo emocionado y entregado, hasta el punto de que el obispo, Eloy Santiago, aseguró que “el papa es uno de los nuestros, es canario”.
Decenas de miles de personas, incluso llegadas desde otras partes del Archipiélago y del mundo, acompañaron a su santidad en un ajetreado periplo de misas, encuentros con migrantes y entidades, y recorridos en papamóvil por La Laguna y Santa Cruz.
Bebés que volaban sobre la multitud para ser bendecidos, balcones de los que llovían flores, pancartas y cánticos con mensajes de agradecimiento, decenas de regalos institucionales y hasta el avión papal que se averió en Los Rodeos y retrasó dos horas su partida a Roma, fueron algunos de los instantes inolvidables que dejó esta visita, que cumplía el deseo frustrado del papa Francisco.
Y desde Tenerife, León XIV, el papa que no duda enfrentarse a los poderosos en defensa de los desfavorecidos, alzó la voz con su alegato más duro sobre la inmigración: “No puede haber indiferencia”, afirmó, antes de depedirse agradeciendo a Canarias su ejemplo de acogida.















