Hay mortales que derraman su astucia sobre lo sublime y demuestran que el ingenio es uno de los valores supremos. Tal cosa le ocurrió a uno de esos nacidos, Dante Alighieri. Florentino de nacimiento, se dedicó con coraje a la política y fue derrotado por sus enemigos, al punto de ser exiliado, condenado a muerte y no volver más a sus dominios. Pero mostró la astucia hasta el extremo, desde los proverbiales sonetos de su Vita nova (1293), y en el que demora el entusiasmo poético por el “dulce estilo nuevo”, la concisión de un idioma (el italiano, su toscano) y la acentuación de su astucia amorosa, su adorada Beatrice, mujer a la que apenas conoció, que murió joven y que convirtió en su referente creativo. Con ello, la invención de eso que se llamó “amor cortés” o “amor platónico”. Desde entonces, fue el “poeta supremo”. No paró. Él, que vivió entre 1265 y 1321, final de la Edad Media y principios del Renacimiento, ideó el gran recorrido de los mortales, eso que publico en tres periodos de su vida y es Infierno, Purgatorio y Paraíso, la gran Comedia, una de las obras más clamorosas de la historia de la humanidad. Y ahí Dante fija el rumbo: de la maldad más absoluta, las nueve grutas custodiadas por los demonios y donde penan los seres más repudiables de este mundo y que recorre con la ayuda del prodigioso Virgilio (que fue su maestro entre otras cosas por la Eneida), se regodea con el otro paseo (también con Virgilio) por el lugar de las almas que esperan el perdón de Dios y así visita los cielos, el espacio fúlgido de Dios donde se encuentra la bienaventuranza y la felicidad eterna (ahora acompañado por su Beatrice). Ese es el recorrido dantesco: del desprecio a la plenitud. Y hoy, si se recupera ese prodigio de los hombres, te preguntas justo por ese orden, más aún te preguntas por quién impone ese orden. Porque te avienes a consentir (como demócrata que eres) el cómo es posible que un individuo cómo Donald Trump gobierne en un país como el suyo y cómo es posible que el país que es enseña de los derechos individuales y de la democracia haya elegido presidente a un sujeto como ese. Así es que en el turno de los múltiples nombres que Dante precisó en ese espacio siniestro Trump sería fijado indubitablemente, aunque no deje entrar esa obra a EEUU e Italia se lleve de él alguna reprimenda. Porque eso nos ocurre: no redimirnos por la gloria, vivir enfangados con la más pavorosa podredumbre, de los Trump, de los Putin, los Netanyahu a una derecha en España que no hay por donde cogerla o a los corruptos. ¿Qué hacer, propagarnos en lectura, solo en lectura (divino Borges) como proclama el excelso Dante, pasando página de la vida, o sufrir la impertinencia? Por partes, diría mi abuela, y con razón.
